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sábado, 1 de noviembre de 2008

Una tarde en la cabeza de un TDAH

Un amigo me mandó un e-mail con un texto que describía muy bien cómo actuamos a veces las personas con déficit de atención. Estaba escrito evidentemente en algún país latinoamericano, por el peculiar uso del español que mostraba, y me he permitido adaptarlo al castellano más común aquí, para mostrároslo. Yo me he sentido bastante identificado con lo que cuenta.

Decido lavar el coche. Al ir al garaje veo que hay correo en la mesita de la entrada. Me pongo a revisar las cartas antes de lavar el coche. Dejo las llaves del coche en la mesita, voy a tirar los sobres vacíos y las propagandas al cubo de basura y me doy cuenta de que está lleno.
Decido dejar las cartas -entre las que hay una factura- en la mesita y sacar la bolsa de basura afuera... Entonces pienso que ya que voy afuera puedo pagar la factura con un cheque y echarlo en el buzón que está a 10 metros de la puerta. Saco del bolsillo la chequera y veo que queda uno solo. Voy al escritorio a buscar otra chequera y encuentro sobre la mesa la CocaCola que me estaba tomando y se me había quedado olvidada. Quito la lata para que no se vuelque sobre los papeles y me doy cuenta que se está calentando por lo que decido llevarla al frigo. Al ir hacia la cocina me fijo en que el jarrón de flores de la cómoda de la entrada está sin agua. Dejo la CocaCola sobre la cómoda y descubro las gafas de cerca que estuve buscando toda la mañana.
Decido llevarlas al escritorio y después poner agua a las flores.
Dejo las gafas en el escritorio, lleno una jarra de agua en la cocina y de repente veo el mando a distancia de la tele. Alguien se lo olvidó en la mesa de la cocina. Me acuerdo de que anoche lo estuvimos buscando como locos.
Decido llevarlo a la sala, donde debe estar, en cuanto ponga el agua a las flores. Echo un poquito de agua a las flores y la mayor parte se derrama por el suelo. Me cabreo, vuelvo a la cocina, dejo el mando a distancia sobre la mesa y cojo unos trapos para secar el agua. Voy hacia el hall tratando de acordarme qué es lo que quería hacer con estos trapos...
Al final de la tarde el coche sigue sin lavar, no he pagado la factura, el cubo de basura está lleno, hay una lata de Coca Cola caliente en la cómoda, las flores siguen sin agua, sigue habiendo un solo cheque en mi chequera, no consigo encontrar el mando de la tele, ni mis gafas de cerca, hay una fea mancha en el parquet de la entrada y no tengo ni idea de dónde están las putas llaves del coche...
He estado toda la tarde dando tumbos, no he acabado nada, y encima estoy agotado.

viernes, 10 de octubre de 2008

Yo no busco, encuentro.


A vueltas con Steiner, me leo la entrevista de El País semanal, recomendada por el Juke, y me encuentro con una de las reflexiones sobre la que giro constantemente. Día a día vivo enfrentado a ella en mi propio núcleo familiar. Mi mujer pertenece al ámbito docente; yo, modestamente, al artístico. Cuando le pido algún acto de creatividad, ella responde tranquilamente que no se dedica a eso; sin rubor: lo tiene bien claro. Yo, por mi parte, cuando intento abandonar mi ámbito y paso al plano organizativo, normativo, docente, intelectual puro... invariablemente la cago.
Mi hijo es cronopio como yo, quizás aún más acentuado, y sólo puede seguir una escolaridad normal y programada gracias a su medicación; sin ella produce tantas ocurrencias por minuto que su permanencia en un aula resulta imposible. Hasta su cuerpo produce ocurrencias: su mente no descansa y su cuerpo se agita buscando todas las posibilidades de la acción.
Ahora, que ya tiene 8 años, es consciente de su comportamiento y, casi siempre, consigue controlarlo, pero las ocurrencias persisten. Y cuando el efecto de la medicación desaparece, aparecen en mayor medida. Ahora está embarcado en la realización de un programa de televisión de humor, al que ha llamado "La Hora Zapatunda", del que ha dibujado los decorados, donde improvisa diálogos de diez minutos delante de la cámara, y para el que ya tiene ideas de comercialización... No os digo más.

Y ahora fijaos en lo que dice Steiner sobre la creación:

"Ah, la inocencia de un gran creador, el misterio de crear… En la universidad en la que trabajaba solía venir a cenar Henry Moore, el escultor británico. Cuando abría la boca para hablar de política o de otros temas, decía estupideces. Pero cuando hablaban sus manos, te dabas cuenta de que era un gran creador. El misterio de un gran creador es un misterio. No sabemos cómo ni por qué se crea una gran melodía o cómo o por qué se pinta un cuadro. Produce una gran alegría el poder explicar esto y hacérselo llegar a la gente. Pero nunca mezclo la creación con la enseñanza. Un profesor es un profesor."

Considera el acto de la creación artística como un misterio. ¿Y si el misterio fuera sólo la diversidad neurológica? ¿Y si, como se postula actualmente, hubiera cerebros distintos que no tienen más remedio que crear, que son impelidos a ello por una simple cuestión biológica?

Yo produzco ocurrencias. Si algo me excita las ocurrencias asaltan mi cerebro atropelladamente. A mí lo que me cuesta trabajo es no tener ideas; y, por supuesto, controlarlas, ponderarlas, retrasar su momento de ejecución si tengo otra tarea urgente.

Picasso dijo una vez: "Yo no busco, encuentro." Puede parecer muy arrogante pero seguro que él lo percibía así. Que uno sea artista, creador, le viene dado. Y con la experiencia uno mismo llega a percibirlo. Luego las propias diferencias neurológicas, su grado, la vida, las circunstancias, los demás, determinarán hasta dónde llega, pero el "defecto" es de fábrica.
Esa en mi explicación al misterio. ¿Simplona, frustrante, sencilla? Bueno, todavía queda por desentrañar qué es lo que hace a estos cerebros diferentes; aún no han hallado la causa. Es un misterio suficientemente grande.

Y tampoco hay que descartar que mi explicación esté totalmente equivocada...

¿A que se nota que he dormido?

martes, 27 de mayo de 2008

Un TDAH no puede educar a otro TDAH

Entrada superseria, indiscreta y melancólica a raíz de un suceso reciente.

Mi limitado cerebro no funciona bien si he dormido poco. El de todo el mundo funciona mal, pero el mío peor. Mis escasas cualidades de contención, proporción y lógica se encuentran casi anuladas en ese estado, y noto una quemazón y embotamiento en la cabeza durante la mañana, que se trasforma en dolor por la tarde. Y el café sólo me funciona en cortos periodos.
A mi hijo le ocurre algo parecido. Ni la pastilla que toma, un estimulante, consigue cubrir completamente el déficit de sueño. En días así, sabes que estallará por algún lado.

El jueves por la noche tuvimos un poco más de ajetreo en casa, nada demasiado fuera de lo normal: cena que no gustó al chaval y tensión para comerla, imprimir unos papeles, ruido, hambre antes de acostarse por no haber cenado en condiciones, recena, retraso; cosas que le descentraron... o vete tú a saber, pero el hecho es que se durmió tarde, dio vueltas en la cama, y como suele ocurrir esas veces, tampoco sé por qué, se despertó antes de lo habitual. Yo esa mañana ya mascaba la tragedia. El chaval estaba más inquieto que un chimpancé.
Me dice justo antes de salir: -Aita ¿puedo llevarme un par de coches para jugar en el recreo?
-No; ya sabes que Andereño no quiere que lleves nada, que los sacas en clase y eso no puede ser.
La última bronca en con su profesora había sido por eso y mi mujer le había prohibido llevar juguetes a la ikastola. -No le dejes llevar nada- me había dicho bien claro.
-¡Jo! ¡Es que no voy a tener con qué jugar en el recreo...! ¡Todos llevan coches!
-No puedes llevar nada. Vamos al autobús.
-¡Jo, aita! ¡Sólo dos! ¡Que no los saco! ¡Dame otra oportunidad!
La hora ya muy justa. -Bueno, coje dos, pero escúchame bien: ¡Solo los puedes sacar en el recreo! ¿Está claro? los llevas en el bolsillo y no los sacas en clase; te olvidas de ellos. ¡Sólo los sacas en el recreo!-
-¡Claro aita, qué crees!
Y salimos corriendo al autobús. 8: 35

A la una menos cuarto baja llorando del autobús. -¡Qué te ha pasado, maitia!
-¡Buaaa...! Hip, hip... andereño me ha quitado los coches...
-¡Pero...! ¿Los has sacado en clase?
-Bua... sólo un momento antes del recreo para enseñarle a Iñigo una... ¡Bua... ! y no me los va a devolver en un mes... y en el recreo no he podido...
-Pero si ya te había dicho...
-Buaaaa... soy un tonto... buaa...
-Bueno, bueno... vaaale...
Y una media hora consolándole y todo eso que podéis imaginar...

Yo había tardado 12 horas en quebrantar la norma que me dio mi mujer y él 2 y media, en hacer lo propio con la que le di yo. Bastante proporcionado a nuestras respectivas edades.

Un cronopio educando a otro cronopio, potencia sus cualidades.

martes, 13 de mayo de 2008

Don't stop me now

Ruth dice que se alegra de verme tan espitoso... no sabéis bien en qué estado me encuentro... pero voy a tratar de describirlo, contando cómo me he ido acelerando hoy.
Después de levantar al chaval y ayudarle con la ropa y el desayuno, he considerado que bastante excitado estaba, así que no tomaría expreso de cafetería y me he hecho mi propio soluble. ¡Craso error! He acompañado al chaval al autobús, he vuelto, he encendido la radio, me he puesto a trabajar pintando una escena de artillería carlista y a las 9:30, mientras Lapitz se empleaba con su entrevistada, me ha dado un bajonazo de la leche, con bostezos de oso, así que me he ido a Otazu, Pastelería-cafetería con estimulante conversación con Pili, donde me he metido un cortao y he largado un rato, y al salir ya volvía canturreando por el camino. ¡Buena señal! A partir de ahí las ideas se me escapaban de los pinceles, y me ha venido a la cabeza lo de Jazzaldia, así que he tenido que escribirlo antes de que el Swing volase. He quedado bastante satisfecho y me he puesto a pintar todo espitoso, acabando esos caretos bigotudos y patillones que llevaban los carlistones. Luego me ha dado otro bajonazo, así que he calentado unos restos de patatas a la riojana y, procurando masticar, los he ido comiendo mientras daba pinceladas sueltas. Entonces he reparado en que faltaban algunas compras y me he encaminado al super, donde Koldo me ha recibido con su habitual ¡Qué tal, Talibán! , contracción mutada de una trasformación humorística de la expresión francesa ¿Comment allez vous?, que empleó hace tiempo. ¡Otro de mi cuerda!
Unos vaciles en caja al pagar, vuelta a la oficina, revisión del feed, comentarios aquí y alla, y promo del Worl café en la radio, que me recuerda lo poco que falta y me provoca el hacer una lista con objetos, personas y cosas que quiero llevar, saludar y hacer el Domingo en Bilbao. Se me llega la hora de recoger al chaval y pensar en la comida: ¡Hay precocinados!

Viene el chaval sin la motxila, en su línea, pero lo demás bien. Él trastea un poco mientras hago la comida, bendito Eroski con su línea de precocinados si conservantes ni colorantes, y luego mi hijo ve "Crímenes Viejunos" como llamamos a una serie que le fascina sobre crímenes raros resueltos de no sé qué cadena, mientras yo recojo, friego y le comento cosas sobre el disparo a quemarropa y la resistencia de los huesos del cráneo. Luego los Simpson, un episodio viejo, con gags que me hacen más gracia ahora y en el que descubro detalles en los que no había reparado, y se llega la hora de llevar al chaval al autobús. Buen día, lo coge con normalidad y yo vuelvo dudando si tomarme otro cortao o no, porque me está entrando modorra. Gana el cortao y me lo echo en los tilos. Vuelvo y me pongo a pintar como una máquina, mientras la cabeza comienza a bullir a cien. Se me ocurre hacer un homenaje al World Café, como los que hacía en los viejos tiempos y le escribo una Alegría gaditana, que no trascribiré aquí porque rompería el ritmo, que canto en el Teléfono del Oyente. A partir de aquí ya comienzo a dispararme porque se me ocurre otro homenaje en forma de tango, me inspiro en el comienzo de Cambalache, y voy componiendo las estrofas mientras pinto pantalones y baquetas de artillería. Lo acabo, lo grabo también, y me pongo más espitoso aún. Se me ocurre otro en plan Ruper Ordorika en Ez da posible, y sólo me detiene mi escaso dominio del Euskera y el comienzo de Graffiti.

Van a hablar de supersticiones, martes y trece, y dan el teléfono de directo por si alguien se anima. '¡Criaturas...! Por supuesto, me animo. Llamo, me coge un técnico y me dice que me mantenga a la escucha. Se ponen a hablar con una corresponsal en China, que si el terremoto, que si las supersticiones chinas y yo esperando. De repente se acuerdan, me saludan y me preguntan a ver si tengo alguna superstición; yo les digo que he llamado para que comprobasen que, a pesar de la chorradita que habían hecho al dar el teléfono, se había entendido el número y que no tengo ninguna superstición. No tienen tiempo y me conminan a que les cuente rápidamente alguna manera de conjurar la suerte de algún amigo o conocido, les digo que tendría que pensármelo y me emplazan para llamarme más adelante. Acepto, sigo pintando aceleradaramente y ellos siguen con el programa. Se ponen a entrevistar a una "experta" en numerología" y, un cuarto de hora después, cuando yo ya no esperaba mucho, realmente me llaman y me ofrecen la posibilidad de darle mi fecha de nacimiento a la numeróloga, para que me haga mi número kármico. Me muestro coqueto y declino revelar la fecha, proponiendo que lo haga con otra más ilustre como el nacimiento de Stalin. Me preguntan por la fecha y no sé repentizarla y ellos tampoco, así que opto por la broma fácil sobre el número 5, que la experta ha dicho que es el más erótico y yo añado que puede ser por la rima, y alguien alega que "eso" no le parece erótico y yo puntualizo que según para quién y como, y tras algunas más nos despedimos.
Me siento bien...bien exaltado...enérgico, insatisfecho pero bien... bien.
Les mando algunos emilios sobre lo que sigo escuchando mientras pinto. Luego la tarde prosigue, yo enérgico, las obligaciones, escribo algunas notas, me voy a buscar al chaval, subo la cuesta de la ikastola enérgico, charlas con las comadres, el chaval contento, yo también, bajamos con un compañero, y la tarde continúa, sigue con sus rutinas hasta que se acerca la noche, con su cena, su tele, su acostar al chaval, mi cerveza y mi ímpetu todavía intacto que me ha llevado hasta la conclusión de este montón de letras.



¡Ah! He escrito la de Ordorika.

lunes, 12 de mayo de 2008

Ese habitual desequilibrio.

Os he mentido. Hasta antes de ayer no había dejado de tomar el aceite de lino, como dije que haría en aquel post. Y me mantenía estable, equilibrado, pero en absoluto creativo. Y tampoco tenía esas iluminaciones que me asaltaban a menudo... pero como ya ha pasado el suficiente tiempo desde que lo he dejado, estoy volviendo. Me asaltan una sucesión de ideas, fogonazos, que se alternan con estados de decaimiento. Tengo opinión para todo, me precipito y meto la pata. Sí, se asemeja bastante al trastorno bipolar, de hecho muchos TDAH acabamos desarrollándolo, aunque yo creo que aún no lo tengo. Vamos... que mi diversidad neurológica se esta haciendo patente. Quién nació redondo no morirá cuadrado.
Hoy he llamado a la radio dos veces, he escrito en mis dos blogs, contando con este, tres apuntes, he atendido mis tareas laborales y domésticas y he desatendido otras de similar importancia, y he sufrido un bajonazo a las 17:30 que he tenido que combatir con una hamburguesa... y esto no ha hecho más que empezar ¡Rock and Roll!

Sé que muchos, los que tengan conocimientos de medicina o estudios similares, no creerán en una relación tan directa entre esa substancia y mi psiquismo, más que nada porque no está documentado, si dentro de unos años se publica ya será verdad científica, pero yo puedo analizar perfectamente lo que siento, y con eso me vale. Y me encanta, porque ahora puedo manejar mi personalidad mediante una sustancia legal que, en las dosis habituales, hasta que se demuestre lo contrario, no tiene más que beneficios para la salud, desde los cardiovasculares pasando por los digestivos, hasta los anti-inflamatorios.
No os voy a engañar: aún me queda una pequeña duda sobre si no se tratará de un efecto placebo o simple sugestión pero, si a mí me funciona, como dijo aquel, ande yo caliente ríase la gente.
¿Por qué no había dejado de tomarlo como anuncié? Por miedo. Lo dejé de tomar un par de días, noté cambios, osea, que volvía ser como antes, y me asusté.
¿Voy a estar mucho tiempo sin tomarlo esta vez? No sé; supongo que hasta que me asuste otra vez.
Sí, ya sé: esto parece la práctica habitual de un desequilibrado... pero, por otra parte, es en esencia lo que yo debería ser.
Como dijo Jack Nicholson a su Psiquiatra en aquella película: ¡Como puede diagnosticarle a alguien un trastorno obsesivo compulsivo y luego extrañarse de que se presente sin avisar en su consulta!

jueves, 24 de abril de 2008

Banali... ¡Qué carajo! ¡¡¡CORTÁZAR!!!!!

¡Por qué nadie me dijo que había estos vídeos en youtube! ¡Es que pensaban que yo lo sabía todo!
¡Es que no conocían de sobra mi fascinación por Cortázar!
Mira... os lo voy a perdonar, porque parte de la torpeza es mía... que si no...



Y me vais a disculpar pero, salvando las distancias, eso es lo que siento yo, y lo que intuyo siente todo TDAH, cuando intentamos ceñirnos a la lógica o trabajar en el campo de las ideas.
¿Era Cortázar TDAH? ¡Qui lo sa!
De todas formas eso ahora da igual... pero reunía buena parte de los síntomas...

martes, 8 de enero de 2008

Un titular muy desafortunado.

Me he enervado tanto que hoy me voy a saltar el pasar la aspiradora para escribir esto.

Resulta que El País publica este artículo sobre el TDAH, que es uno de los más claros y completos, dentro de su brevedad, que he leído últimamente y lo titula así:

Niños condenados a ser perfectos


Contiene frases del tipo: "Los niños no tienen por qué ser valientes Rambos y superar sus problemas solos". Piensa, además, que el tratamiento farmacológico no tiene por qué ser eterno: "Tras dos o tres años, el 80% acaba compensando el trastorno y deja de precisar la medicación".

O del tipo:
Trinidad Bonet, psicóloga especializada en técnicas cognitivo-conductistas, afirma que "la medicación está más que justificada, dependiendo de la intensidad de los síntomas, si estamos ante un TDAH. Este trastorno tiene múltiples causas orgánicas y sería muy difícil conseguir verdaderos cambios en el funcionamiento cerebral sin la medicación"

¡Y aún y todo lo titula así!

No creo que ningún padre medique a sus hijos para que sean perfectos. ¿Medican por esa razón a su hijo los padres de un diabético?, ¿Le ponen gafas a un niño miope por esa razón? Yo creo que lo hacen simplemente para que tengan las mismas oportunidades que los demás.

Nosotros lo hacemos por eso y porque nos dijeron en la escuela, a sus tres años, que lo llevásemos a un psicólogo porque algo le pasaba pero no sabían qué. Después de vueltas y consultas dimos con una psiquiatra que le recetó la medicación y, desde entonces, el chaval está lejos de ser perfecto, pero no se diferencia mucho de cualquier otro que puedas ver jugando en el patio. Ya he contado cual era antes su actitud ante la escuela... Ahora sus informes son absolutamente normales, corrientes, con sus virtudes y sus defectos... Incluso está aprendiendo a pronunciar la r doble por sí mismo, sin ayuda de un logopeda; a sus siete años ya nos lo habían señalado como necesario.(Antes su inquietud era tal que no podía prestar atención a esos detalles)
Antes era un manojo de nervios y un volcán que a menudo estallaba. Y sufría bastante. Estaba empezando a ser discriminado...
Ahora no es perfecto, es simplemente un niño.

Ah, y gracias Mikel, que se me había olvidado mencionar la fuente.

miércoles, 2 de enero de 2008

¿El experimento Omega?

Quiero contar una cosa que me viene sucediendo desde hace un tiempo. Como ya sabéis me interesa el TDAH por razones personales y a menudo leo sobre el asunto. Hay diversas opiniones sobre sus causas y tratamiento, y una linea postula que pudiera ser por deficiencias nutricionales o dificultades para metabolizar determinados nutrientes. Se ha encontrado relación entre la ingesta de ácidos grasos esenciales y el trastorno, y se han hecho pruebas con aceites Omega-3. Como es algo que está a mi alcance y es un suplemento nutricional de libre consumo, yo mismo he empezado a consumirlo... y creo que estoy empezando a notar algún efecto.
Se supone que en un individuo TDAH, o en uno con una carencia acusada de este nutriente, debería notarse, tras alcanzar un determinado nivel de carga, una disminución de la inquietud y una mayor facilidad de concentración. Yo creo que estoy experimentando esos efectos. Pero también estoy experimentando otro que calificaría de indeseable: he perdido la chispa.

Yo antes me pasaba el día gastando bromas; sacándole punta a todo. Me metía en mil asuntos y casi nunca los terminaba. Me concentraba en una tarea y el mínimo estímulo me hacía abandonarla... Ahora, sin embargo soy mucho más serio. Tengo que forzarme para hacer un juego de palabras; no cedo fácilmente a mis impulsos y persisto en la tarea hasta terminarla...
Estoy empezando a parecer un tipo "normal"...vamos...¡Un coñazo! !Joé! ¡Ni siquiera me he emborrachado en estas fiestas! Siento como si no fuera yo.
Si repasáis mis entradas pasadas, sobre todo las primeras, la mayoría son hiperbólicas y humorísticas pero, de un tiempo a esta parte, ya no me apetece hacer gracia.
El mismo blog fue un desahogo para mi inquietud y ahora ya no encuentro interés en escribir nada. Muchas veces lo intento y, tras un buen montón de lineas, no le veo sentido a un trabajo tan improductivo y me dedico a tareas más necesarias... (La entrada "El silencio de los blogeros" fue en realidad una excusa para ganar tiempo.)

¿¡Qué hago!? ¿Sigo suplementándome o vuelvo a comer como antes?

Seguramente, si alguien con una mínima formación científica lee esto, pensará que no se puede establecer una relación causa efecto con un ensayo tan rudimentario... pero es que él no siente lo que yo estoy sintiendo ahora... ¡Joé! ¡Que me apetece dejar de escribir esto para pasar la aspiradora! (Juro que estoy esforzándome mucho para hacer estas exageraciones.)

O acaso será la edad, o una depresión, o el fruto de la dura experiencia sentimental vivida...

Si alguien tiene una opinión al respecto, cualificada o no, le rogaría que la expresase.
Gracias.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Química

Parafraseando a Cortázar: Uds. pensaban que todo iba bien, es decir, que yo no les iba a volver hablar del TDAH; triste equivocación.

Mi hijo toma estimulantes para tranquilizarse. Sí, anfetaminas. Bueno, exactamente para tranquilizarse no, pero tienen el él ese efecto. Equilibran su cerebro. Le centran y entonces su inquietud desaparece. Entonces puede estar quieto, concentrarse en una tarea, sin que la tormenta interna le distraiga, le zarandee de un pensamiento a otro.
A menudo se piensa que un hiperactivo se distrae, responde al menor estímulo exterior, y por eso abandona sus tareas, o no llega a realizar los planes que él mismo a formulado. En cierta medida es así, pero el hiperactivo no se distrae: el hiperactivo es distraído. Su cerebro le distrae; se distrae a sí mismo. La incapacidad de regular su atención, de fijar y centrar su pensamiento, le hace divagar. Y producir ocurrencias. A menudo el hiperactivo produce ideas a tal velocidad que no puede llegar a completar ninguna. Muchos tienen un habla imprecisa, entrecortada, sin frases completas. Y la tienen por la incapacidad de elegir una sola idea y expresarla de una vez, o la dificultad para elegir una forma para expresar la idea que tienen en la cabeza.
A veces depende del día, o de cómo haya dormido la noche anterior, y sobre todo de cuánto le atraiga la tarea, de cuanto le estimule, se hiperconcentra. La misma dificultad que le impide regular su atención hace que, a veces, esta sea excesiva, obsesiva con algún asunto. Y entonces es capaz de trabajar con asombrosa velocidad y precisión, a un ritmo endiablado, y con una gran calidad. Y si tratas de distraerlo, o le impones la finalización, estalla. Surge el conflicto.
Sin embargo, otras veces, después de un buen rato concentrado en una tarea estimulante, y disfrutando de ella, sin saber por qué, surge el desánimo. La tarea repentinamente deja de tener interés para él. Es como si un interruptor se apagase en su cerebro. Y da igual que falte poco para terminar, que sea una pena dejarla ahí, que el objetivo esté a punto de ser cumplido... el hiperactivo no puede seguir. Su capacidad de concentración se ha agotado.

Yo lo sé porque mi cerebro también opera así.

Por ejemplo ahora, si bien es verdad que no sé si iba a terminar alguna tarea o llegar a un lugar concreto, he perdido el interés, y cualquier reflexión que añadiese sería forzada. Así que voy a dejarlo aquí.
Sin embargo os enlazo una entrada al blog de un tipo que habla del asunto, y que promete (y no cumple) adentrarse en el proceloso mundo de la química.
Agur.


jueves, 8 de noviembre de 2007

Mi TDAH y yo.

Mis lectores "acérrimos" (¡Joé... es que me encanta!) sin duda recordarán un par de entradas en las que hablaba de mi trastorno. Es un asunto que no me puedo quitar de la cabeza, (pongan unas risas aquí) así que pienso tratarlo en una serie de apuntes que seguirán a este.
Si buscáis información sobre el TDAH, descubriréis que se describe principalmente como un trastorno infantil, y sólo en unos pocos medios se añade, de soslayo, que suele persistir en la vida adulta. Yo más bien diría que "en todos los casos" persiste en la vida adulta, pero uno aprende a sobrellevarlo.
También descubriréis que se describen detalladamente un gran número de síntomas que delatan la presencia del trastorno en los niños, pero que raramente se describen los síntomas que puede mostrar un adulto. Sólo se suelen referir sus efectos mas devastadores, como la tendencia a la drogadicción, la delincuencia o la exclusión social.
Pero estáis de suerte (también podéis reír aquí) porque yo, que lo vivo desde dentro, os voy a dar información de primera mano para que podáis descubrir esos síntomas en los adultos que os rodean, y así poder ejercer de psicólogos aficionados, pasión que todos llevamos dentro.

Por precisar añadiré que, de los síntomas que referiré ahora, deben estar presentes a la vez todos o casi todos, para que el diagnóstico, sin ningún valor científico, sea correcto.


-Es el amigo que invariablemente se olvida el paraguas, la bolsa o la carpeta en la cafetería.

-Es el colega al que no puedes preguntar algo si sólo tienes un par de minutos para oír la respuesta.

-Es el amigo que aún, a sus años, se come las uñas o algo más.

-Es aquel que parece tranquilo, comprensivo, y luego le saca de sus casillas que se derrame un poco del café en el platillo.

-Es el amigo con el que ya no vas al cine, porque no puede estarse callado durante la proyección.

-Es aquel que sólo habla de los planes que tiene, pero no realiza ninguno.

-Es ese amigo sensato que enloquece cuando bebe.

-Es ese amigo que prefiere no hablar de su infancia.

-El que te acompaña callado en la estación y luego empieza a contarte su viaje a Palma, justo cuando llega tu tren.

-El que se despide siempre tres o cuatro veces.

-Es ese amigo que tiene una afición rara, pero cuando le preguntas ya la ha cambiado por otra.

-Es ese colega al que no le gusta el fútbol ni los deportes de equipo.

-Es ese amigo que es brusco contestando, pero nunca te haría una putada.

-Es ese tipo que suele ser inteligente, brillante, pero nada práctico.

-Es aquella persona a la que describiríais como caótica y, sin embargo, se las apaña.


Bueno, amigos, cuando dejéis de autoexaminaros, podéis buscar estos síntomas en los demás.

Ya me contaréis...