6:30, calor y sol de justicia, y las sillas del escenario Frigo a medio llenar. Van a actuar Cristina Montull Trio con Flor Begue como vocalista. Yo me pongo la visera de medio lao pa quel sol no me calcine una oreja. Salen y se sitúan. Son un trío de contrabajo, batería, y piano a cargo de Cristina, que ejerce de líder. Otra formación salida del vivero de Musikene. Comienzan y la voz de Flor sorprende por su calidez, versalitidad y madurez. Nos van llevando por temas clásicos con solidez y buen hacer y parecen sorprendidos de la reacción positiva del público. ¡Ah muchachuelos! ¡Cómo se agradecen los aplausos! (No son tan jóvenes, y tienen experiencias anteriores en otras formaciones, eh. Es una licencia.) Preciosos skats de la Begue, que aún conserva su acento porteño cuando se dirige al público. Es de allá. Quizás le falte riesgo y locura, forzar los agudos, pero hace disfrutar de lo lindo. Batería y bajo en su sitio, Cristina brillando en algunos solos, también algo comedida. Curioso ambiente de club en la calle y a las 7 de la tarde. Terminan con un So What vibrante. ¡BIEN!
Me subo a la carpa Heineken y veo el final de In The Country. Escuchar la música de este trío noruego es como deslizarse por la grieta de un fiordo, resbalar, y sumergirse en un abismo azul para quedar suspendido ingrávido. Si cierras los ojos escapas de este mundo. No te dejan ahogarte, progresan en intensidad y el delirio final te lleva de nuevo a la superficie. ¡Son la hostia!
Buenísima reacción del público.
Me busco una silla en segunda fila porque va a tocar Jake Shimabukuro. Algo me dice (bueno, la revista del festi, la web, los tubos) que esto promete.
Sale el pavo con su gorrita y su camiseta metalera y sus manos son más grandes que el ukelele. Se presenta supersimpático y se pone a tocar un aire español. Es como Andrés Segovia acelerado y dos octavas más arriba. Ya vemos por dónde va. Y a partir de ahí la cascada de notas. El tío puntea la melodía, hace acordes, golpea la caja para marcar el ritmo, ¡y todo a la vez! ¡¡¡Y MUCHAS VECES POR SEGUUUNDOOO!!!
¡¡¡¡UN MONSTRUO!!!!
Había una familia japonesa en la primera fila con un gordo sudoroso en el medio... ¡Y el tío entraba en éxtasis!
La peña le aplaude a rabiar. Cada vez más. El muchacho parece abrumado. Se deshace en elogios hacia "España" y esta ciudad, es su primera vez en Europa, bromea sobre cómo se toca el ukelele en Hawaii y cómo lo toca él, y se muestra encantado de que aquí haya playa y también se haga surf. El tío ha saludado varias veces con un Aloha, haciendo un signo surfero con la mano.
Se lanza a un Bluegrass y resulta apoteósico. 6 ó 7 minutos febriles. ¡Tienen que arderle los dedos! Ni púas ni leches, a pura piel.
Termina y nos levantamos y aplaudimos en pie un minuto. Se acercan unos niños y le dan la mano. El tío no llora porque es un heavy del ukelele que si no...
No le dejamos marchar. Va y toca... ¡El Ave María de Schubert! ¡Te cagas!
Se va, seguramente porque necesita un colacao.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡SHIMABUKUROOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!! Es como SonGoku con una guitarrilla.
¡¡¡¡¡¡LA SUPERHOSTIA!!!!!!
Después de aquello los Klezmafour me parecieron lentos y sosos.
Russian Red y Vetusta Morla ya tienen medios y seguidores, así que... que los comente su tía.
Mañana más... mañana que es hoy ja jaja jaj aja ja
Mostrando entradas con la etiqueta Jazz. Mostrar todas las entradas
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viernes, 24 de julio de 2009
domingo, 27 de julio de 2008
A la sexta... ¡ni lo sueñes!
Ya os adelanto que esta noche no va a haber crónica del Jazzaldia porque no he ido a ninguna actuación. He salido por ahí con mi mujer y mi hijo que para eso es domingo y el chaval cumple mañana 8 años. Estamos en los previos de la celebración...
Ya he tenido suficiente jazz en vivo por ahora. Voy con las pilas cargadas.
Por si alguno se hubiera aficionado, os dejo con la actuación de un enorme cronopio que vino la pasada edición . ¡Con todos Uds. el incalificable Matthew Herbert! con una Big Band y una copa... de más ja ja ja.
Ya he tenido suficiente jazz en vivo por ahora. Voy con las pilas cargadas.
Por si alguno se hubiera aficionado, os dejo con la actuación de un enorme cronopio que vino la pasada edición . ¡Con todos Uds. el incalificable Matthew Herbert! con una Big Band y una copa... de más ja ja ja.
Quinta noche
Estoy hecho polvo. No se deben hacer esfuerzos nada más levantarse después de una noche movida...
¿Lo mejor del Jazzaldia free de ayer? Otra vez la actuación de Stefano Di Battista.
¿Lo más raro? El concierto de Kigs of Convenience que se preguntaban qué c*** hacían allí y se disculpaban por hacer pop blandengue en un festival de jazz.
¿Lo más interesante? El Open Mike, donde se apuntó quien quiso para hacer música durante media hora, en un evento que se estiró desde las 11 de la noche hasta las siete de la mañana.
Aquí los grupos:
¿Lo mejor del Jazzaldia free de ayer? Otra vez la actuación de Stefano Di Battista.
¿Lo más raro? El concierto de Kigs of Convenience que se preguntaban qué c*** hacían allí y se disculpaban por hacer pop blandengue en un festival de jazz.
¿Lo más interesante? El Open Mike, donde se apuntó quien quiso para hacer música durante media hora, en un evento que se estiró desde las 11 de la noche hasta las siete de la mañana.
Aquí los grupos:
The Sharpeners
Shakir
Kaso Mai
Écsit
Stand By The Band
Sambaxefunk
Brucke
Afrobossa
Palmeras Kanibales
P-Project
No, no vi todos. Aun así fue una noche muy larga. No en vano era la Gau Bira
¡Música toda la noche en 14 escenarios diferentes!
No sé cómo va a poder mantenerse este nivel. O cómo van a poder aguantar los cuerpos...
Shakir
Kaso Mai
Écsit
Stand By The Band
Sambaxefunk
Brucke
Afrobossa
Palmeras Kanibales
P-Project
No, no vi todos. Aun así fue una noche muy larga. No en vano era la Gau Bira
¡Música toda la noche en 14 escenarios diferentes!
No sé cómo va a poder mantenerse este nivel. O cómo van a poder aguantar los cuerpos...
sábado, 26 de julio de 2008
Cuarta noche.
Ayer parecía que no iba a haber Jazz en los escenarios gratuitos. Benjamín Biolay en la playa, no estaba mal pero tampoco bien, Musica nuda en la carpa de arriba, llegué un poco tarde, un contrabajo y una vocalista cantando tópicos, un par de grupos de DJ que ni los nombraré y, cuando uno revisa el cuadernillo, lee que Puerto Candelaria están en Mondragón, y que a las 11 toca un tal Stefano di Battista, con su cuarteto de Jazz, en el del medio, así que se decide por ese.
Miras con recelo el órgano Hammond mientras esperas, pues ya te ha dado antes un par de sustos, llega la hora, y el Benjamín que sigue atronando en la playa. Se calla a las 11:03 y sale un calvo muy enérgico secundado por su banda, se planta en el borde del escenario y saluda agitando el saxo sobre su cabeza. Varios exclamamos al unísono: ¡Qué italiano!
En un par de segundos el batería, el teclista, el trompeta y Stefano se colocan en sus puestos y nos rocían con un chaparrón de notas con tal velocidad y contundencia que nos dejan pasmados. Hay que empezar con un terremoto y desde ahí hacia arriba, como decia Cecil B. DeMille.
Stefano di Batista se contorsiona durante los interminables fraseos de sus solos, cabecea, agita sus piernas e incluso se permite acrobacias como asordinar su saxo con una de sus rodillas... ¡Puro espectáculo!
Se detiene tras el segundo tema y nos chapurrea una explicación de sus temas en "Italoespagnolo" trufada de bromas, con la que termina de ganarse al púbico. Prosiguen con un par de temas más calmados en los que podemos apreciar también el virtuosismo de Fabrizio Brosso a la "tromba" y del organista Baptiste Trotignon, que además mantiene un eficacísimo bajo durante toda la actuación, y de nuevo se detienen para que Stefano explique, bromee y se coma la escena. ¡Que cachondo este tío! ¡Qué italiano!
Nuevo ataque enérgico, rítmico y apabullante, cosecha de aplausos fervorosos, saludos, bromas y agradecimiento al púbico, a la organización y a todo el orbe, y despedida afectuosa.
Ahora escribo al día siguiente porque vuelvo tarde y ¡Duermo!
ACTUALIZACIÓN: ¡Eh! Mi amiga ya me ha mandado fotos; y tiene un fotoblog, y buena mano para las imágenes; ¡Echadle un vistazo!
Miras con recelo el órgano Hammond mientras esperas, pues ya te ha dado antes un par de sustos, llega la hora, y el Benjamín que sigue atronando en la playa. Se calla a las 11:03 y sale un calvo muy enérgico secundado por su banda, se planta en el borde del escenario y saluda agitando el saxo sobre su cabeza. Varios exclamamos al unísono: ¡Qué italiano!
En un par de segundos el batería, el teclista, el trompeta y Stefano se colocan en sus puestos y nos rocían con un chaparrón de notas con tal velocidad y contundencia que nos dejan pasmados. Hay que empezar con un terremoto y desde ahí hacia arriba, como decia Cecil B. DeMille.
Stefano di Batista se contorsiona durante los interminables fraseos de sus solos, cabecea, agita sus piernas e incluso se permite acrobacias como asordinar su saxo con una de sus rodillas... ¡Puro espectáculo!
Se detiene tras el segundo tema y nos chapurrea una explicación de sus temas en "Italoespagnolo" trufada de bromas, con la que termina de ganarse al púbico. Prosiguen con un par de temas más calmados en los que podemos apreciar también el virtuosismo de Fabrizio Brosso a la "tromba" y del organista Baptiste Trotignon, que además mantiene un eficacísimo bajo durante toda la actuación, y de nuevo se detienen para que Stefano explique, bromee y se coma la escena. ¡Que cachondo este tío! ¡Qué italiano!
Nuevo ataque enérgico, rítmico y apabullante, cosecha de aplausos fervorosos, saludos, bromas y agradecimiento al púbico, a la organización y a todo el orbe, y despedida afectuosa.
¡Gran actuación! ¡Grandissimo Stefano!
Por lo visto el tipo es uno de los más grandes músicos de Jazz italianos y yo no lo conocía. ¡Veis por qué hay que ir a estos festivales!
Por lo visto el tipo es uno de los más grandes músicos de Jazz italianos y yo no lo conocía. ¡Veis por qué hay que ir a estos festivales!
Ahora escribo al día siguiente porque vuelvo tarde y ¡Duermo!
ACTUALIZACIÓN: ¡Eh! Mi amiga ya me ha mandado fotos; y tiene un fotoblog, y buena mano para las imágenes; ¡Echadle un vistazo!
viernes, 25 de julio de 2008
Tercera noche. (Ahora sí)
Magnífica temperatura y cielo nublado a las 7 de la tarde; así Kate McGarry no tuvo que sufrir la experiencia de cantar con un sol de justicia tostando su cara. Tienen que hacer algo con ese escenario (llamado Frigo, ¡qué ironía!) que recibe el sol de pleno desde mediodía hasta las 21 h. si hace buen tiempo, y donde incluso hay que enfundar el piano para que la temperatura no lo desafine. ¿Quizás una visera?
La vocalista comenzó algo fría, como desubicada, pero se fue calentando, ganándose al público canción a canción, y acabó creando una atmósfera íntima y cómplice, verdadero prodigio tocando en la calle, ante un público "de paso" y que, en su mayoría, no entendía el idioma. Kate McGarry lo mismo te canta folk intimista, que swing, que un standard de jazz, con muy buenos skats y preciosos agudos. Muy recomendable.
La vocalista comenzó algo fría, como desubicada, pero se fue calentando, ganándose al público canción a canción, y acabó creando una atmósfera íntima y cómplice, verdadero prodigio tocando en la calle, ante un público "de paso" y que, en su mayoría, no entendía el idioma. Kate McGarry lo mismo te canta folk intimista, que swing, que un standard de jazz, con muy buenos skats y preciosos agudos. Muy recomendable.
Citric
Trío que podríamos llamar local, salido de Musikene, aunque sus componentes sean de procedencia diversa. Como sabes por el programa que se ha formado hace poco y la formación es tan "justita" supones que no vas a oir gran cosa. Los primeros temas son brillantes y pulcros, elegantes, aunque "desaparecen" en cuanto se calla el saxo, por lo limitado de la formación. Sin embargo, se van calentando con temas de Monk o de Coltrane y empiezan a expandirse llenando el ambiente, progresando con los aplausos del público, hasta conseguir un par de temas apoteósicos cerca del final. Magníficos e interminables fraseos de Luis Verde al saxo. Una muy buena actuación.
En este vídeo se explican ellos mismos.
En este vídeo se explican ellos mismos.
Bobby McFerrin con el orfeón Donostiarra. Entre lo sublime y lo absurdo.
Sale McFerrin y, mientras sale el Orfeón y van ocupando lentamente sus sitios, el tío se explaya con una de sus improvisaciones vocales que se extiende casi diez minutos, ante la perplejidad del público. Saluda, se lanza a otro solo y al final hace intervenir escasamente al coro, con un pequeño diálogo. Cuando la gente se está preguntando qué demonios hace allí el Orfeón, el tío llama a una amiga y sale una vocalista con la que hace un par de dúos realmente sublimes, sin la intervención del coro. Luego llama a un pianista y nos da una lección de control vocal y versatilidad improvisando en distintos estilos y con distintas voces. Aquí sí hace intervenir al coro y realizan diálogos interesantes y cómicos. Luego hace de director del Orfeón en un par de temas sin demasiado interés, vuelve a hacer sus gimnasias vocales que empiezan a parecer repetitivas, y se va. El público reclama vises, sale él sólo al cabo de unos minutos, canta sin convicción un tema cortito y se marcha definitivamente... y nos deja a todos preguntándonos: ¿Qué coño pintaba aquí el Orfeón Donostiarra?
Prometí fotos; he seguido olvidándome la cámara; una amiga dijo que mandaría fotos a mi correo; hasta ahora ninguna. Pero en esta cuenta de Flirk hay fotos magníficas del evento. ¡Dejemos el asunto para los que saben!
Prometí fotos; he seguido olvidándome la cámara; una amiga dijo que mandaría fotos a mi correo; hasta ahora ninguna. Pero en esta cuenta de Flirk hay fotos magníficas del evento. ¡Dejemos el asunto para los que saben!
miércoles, 23 de julio de 2008
Segunda noche (La galerna)
Siempre que hace mucho calor en Donostia, el día termina con una galerna. Hacía tiempo que no sufríamos un bochorno así y hacía tiempo que no se veía un vendaval como este.
Hasta las diez todo fue bien; aburrido pero bien. En el escenario de abajo tocaban Evidence Quartet, grupo local que ponía en evidencia su inmadurez. Sosos y previsibles, sudaron la gota gorda frente a un sol implacable aún a las 7 de la tarde.
Me fui antes de que acabasen para ver el arranque de Pyeng Threadgill. Una lástima que el bochorno hubiera convertido esta carpa, coqueta y recogida, en una auténtica sauna, pues la chica se empleaba bien, con una voz cálida y elegante. Los músicos sabían lo que hacían, pero el volumen era excesivo y el sonido saturaba el ambiente ya sobradamente cargado. Demasiada calidez; salí a respirar.
Comer algo, echar un trago, hacer tiempo con Caravan Palace hasta lo de Pink Martini y, llamando por teléfono a un amigo, bromeo sobre el vendaval que se está levantado, y la posibilidad de que se lleve las carpas y los escenarios... Minutos después se cae una parte del escenario de la playa, mientras los Caravan se empleaban con ardor. Suspenden el concierto. A partir de ahí en vendaval se lleva las sombrillas, los paneles indicadores, las mesas, las vallas, a los músicos... y se suspenden todas las actuaciones.
Fin por esta noche. Me quedo sin mis Martini. A ver mañana.
Hasta las diez todo fue bien; aburrido pero bien. En el escenario de abajo tocaban Evidence Quartet, grupo local que ponía en evidencia su inmadurez. Sosos y previsibles, sudaron la gota gorda frente a un sol implacable aún a las 7 de la tarde.
Me fui antes de que acabasen para ver el arranque de Pyeng Threadgill. Una lástima que el bochorno hubiera convertido esta carpa, coqueta y recogida, en una auténtica sauna, pues la chica se empleaba bien, con una voz cálida y elegante. Los músicos sabían lo que hacían, pero el volumen era excesivo y el sonido saturaba el ambiente ya sobradamente cargado. Demasiada calidez; salí a respirar.
Comer algo, echar un trago, hacer tiempo con Caravan Palace hasta lo de Pink Martini y, llamando por teléfono a un amigo, bromeo sobre el vendaval que se está levantado, y la posibilidad de que se lleve las carpas y los escenarios... Minutos después se cae una parte del escenario de la playa, mientras los Caravan se empleaban con ardor. Suspenden el concierto. A partir de ahí en vendaval se lleva las sombrillas, los paneles indicadores, las mesas, las vallas, a los músicos... y se suspenden todas las actuaciones.
Fin por esta noche. Me quedo sin mis Martini. A ver mañana.
martes, 22 de julio de 2008
Primera noche
Me he dado cuenta, en cuanto he llegado al Jazzaldia, de que soy un pésimo reportero, ya que no he llevado ni cámara de fotos, ni medio para grabar algún sonido. También me he dado cuenta de que nadie me ha pedido un reportaje, así que no tiene mucha importancia. Además mañana prometo llevar la cámara, de modo que tendréis alguna imagen. Contaré aquí las actuaciones gratuitas que he visto, que son tantas y del tal calidad que alguien con buen juicio no iría a las de pago, y que además pocas reseñas tendrán en los medios.
Consultado el programa me he decidido por Organik's, banda joven del entorno cercano, que ya tuvo ocasión de sudar en la anterior edición del festival. Dos saxos, teclado y órgano Hammond, batería y guitarra. Buen Jazz de corte clásico, temas propios como plataforma para improvisaciones solistas. Creo que ya han llegado al punto en que la gente pagaría por verlos.
Cuando eliges una actuación te pierdes otra, pues varias se simultanean, pero el programa está montado de manera que puedes verla al día siguiente, así que tampoco sufres. La siguiente elección lógica eran los Caravan Palace, en el escenario grande de la playa... ¡Estos sí que la han montado! Dixie con cavaret eléctrico; Charlestón Punk;Duke Ellington acelerado con Django Reinhardt y gitanos manouches. Bases electrónicas, samples, un DJ, violín y contrabajo electrificados, vocalista blanco con voz de negro, vocalista pizpireta botando por el escenario, ritmo contundente, violinista y clarinete saltando al compás... ¡Todo un derroche! ¡Chispeantes!
Y luego en la carpa pequeña, la que parece un Night Club...
¡¡¡¡Marc Ribot MARC RIBOT MARC RIBOT Y SU TRÍO!!!!!! Ceramic dog.
¡¡¡La jodida deconstrucción de Jazz!!! ¡¡¡El azote de las cuerdas!!!
Consultado el programa me he decidido por Organik's, banda joven del entorno cercano, que ya tuvo ocasión de sudar en la anterior edición del festival. Dos saxos, teclado y órgano Hammond, batería y guitarra. Buen Jazz de corte clásico, temas propios como plataforma para improvisaciones solistas. Creo que ya han llegado al punto en que la gente pagaría por verlos.
Cuando eliges una actuación te pierdes otra, pues varias se simultanean, pero el programa está montado de manera que puedes verla al día siguiente, así que tampoco sufres. La siguiente elección lógica eran los Caravan Palace, en el escenario grande de la playa... ¡Estos sí que la han montado! Dixie con cavaret eléctrico; Charlestón Punk;Duke Ellington acelerado con Django Reinhardt y gitanos manouches. Bases electrónicas, samples, un DJ, violín y contrabajo electrificados, vocalista blanco con voz de negro, vocalista pizpireta botando por el escenario, ritmo contundente, violinista y clarinete saltando al compás... ¡Todo un derroche! ¡Chispeantes!
Y luego en la carpa pequeña, la que parece un Night Club...
¡¡¡¡Marc Ribot MARC RIBOT MARC RIBOT Y SU TRÍO!!!!!! Ceramic dog.
¡¡¡La jodida deconstrucción de Jazz!!! ¡¡¡El azote de las cuerdas!!!
¡¡¡Guerra a la música!!!
¡¡¡El fuego del tártaro!!! ¡¡¡La guitarra del Hades!!! ¡¡¡Éxtasis eléctrico!!!
¡¡¡Vale todo!!!
¡¡¡Muerte y vida!!!Han bastado tres tipos y hora de música para arrasar Donostia mientras, sin duda, en una dimensión paralela se hundía un continente.
De veras, lo siento por los que no hayan estado.
Mañana otro pase a las 11. Estáis advertidos.
De veras, lo siento por los que no hayan estado.
Mañana otro pase a las 11. Estáis advertidos.
lunes, 21 de julio de 2008
¡La cuenta atrás!
Ya sé que no tengo por qué daros explicaciones, a algunas porque me conocen, y a otros porque se la trae floja, pero la razón de que ya no actualice con mi habitual frecuencia es que a mis dolores corrientes se a unido una gran carga de trabajo que estoy intentando terminar, para tener un Jazzaldia despejado.
(Disculpa los tubos, Hutopo)
¡Sí, mañana empieza! Aún no sé si voy a poder asistir a la Jazz Band Ball, mi mujer y mi hijo regresan de viaje justo a esas horas, pero voy a ir a todos los conciertos que pueda.
Mañana estas terrazas de aspecto desolado con la playa a unos metros, van a ser un hervidero de gente y buena música.
A mis acérrimos, que incluso se interesan por la tira y el desenlace del trance alcohólico de Copón, agradecerles ese interés y solamente rogarles... ¡Que no me esperen despiertos!
¡Este Jazzaldia va a ser la hostia! ¡Si hasta hay un cronopio que ha inventado unos artilugios musicales!
(Disculpa los tubos, Hutopo)
¡Sí, mañana empieza! Aún no sé si voy a poder asistir a la Jazz Band Ball, mi mujer y mi hijo regresan de viaje justo a esas horas, pero voy a ir a todos los conciertos que pueda.
Mañana estas terrazas de aspecto desolado con la playa a unos metros, van a ser un hervidero de gente y buena música.
A mis acérrimos, que incluso se interesan por la tira y el desenlace del trance alcohólico de Copón, agradecerles ese interés y solamente rogarles... ¡Que no me esperen despiertos!
¡Este Jazzaldia va a ser la hostia! ¡Si hasta hay un cronopio que ha inventado unos artilugios musicales!
Si puedo os mantendré informados.
miércoles, 2 de julio de 2008
Choro... de alegría.
El Donostiako jazzaldia es un festival que, partiendo del jazz, abarca todo un espectro de músicas hermanas que contengan un amplio porcentaje de improvisación. Una de ellas es el Choro brasileño. El año pasado tuve la suerte de poder escucharlo en directo por primera vez. Es una música vibrante, inclasificable... parece Polca pasada por Nueva Orleans que fuera interpretada en trío por Django Reinhardt, Tito Puente y Woody Allen.
Lo mejor es que la escuchéis vosotros mismos:
Bueno, la programación del festival ya es definitiva. ¡Falta menos de un mes!
No viene Lou Reed, debe seguir caminando por el lado salvaje, aunque me la suda porque no hace Jazz.
Bobby McFerrin va a actuar gratis en el escenario de la playa con el Orfeón Donostiarra. Espero que el coro no lo joda.
Liza Minnelli, que debe estar viviendo una eterna juventud... y sí, también músicos de Jazz, como Ahmad Jamal, Anthony Braxton, Iñaki Salvador, y mis adorados Pink Martini, que lo hacen bien todo... Tenéis toda la información aquí.
Vale, no viene Herbie Hancock, pero aún estáis a tiempo de ir a Gasteiz a verlo.
Luego no digáis que no os aviso.
(Lo siento Hutopo; te pilla lejos)
Lo mejor es que la escuchéis vosotros mismos:
Bueno, la programación del festival ya es definitiva. ¡Falta menos de un mes!
No viene Lou Reed, debe seguir caminando por el lado salvaje, aunque me la suda porque no hace Jazz.
Bobby McFerrin va a actuar gratis en el escenario de la playa con el Orfeón Donostiarra. Espero que el coro no lo joda.
Liza Minnelli, que debe estar viviendo una eterna juventud... y sí, también músicos de Jazz, como Ahmad Jamal, Anthony Braxton, Iñaki Salvador, y mis adorados Pink Martini, que lo hacen bien todo... Tenéis toda la información aquí.
Vale, no viene Herbie Hancock, pero aún estáis a tiempo de ir a Gasteiz a verlo.
Luego no digáis que no os aviso.
(Lo siento Hutopo; te pilla lejos)
viernes, 23 de mayo de 2008
Banalidades estéti.. ¡Piensa en rosa!
Uno de los miles de lectores de este blog (ponga unas risas aquí), que sin embargo no se reflejan en los comentarios, ya sea por timidez o por la contundente inapelabilidad de mis apuntes, me decía el otro día en una charla en vivo, (sí, también es posible) que estaba descuidando aquellas entradas de los viernes tituladas "Banalidades...", que a él le gustaban y las echaba de menos.
Realmente no sé qué diferencia, salvo el propio título, podría encontrar ente esos apuntes y los demás, pues son todos pura banalidad pero, para contentarle a él, descargarme del trabajo de escribir algo razonado, y mantener la tradición, aquí va un apunte de esos banales de los viernes. (Un poco tarde, eso sí.)
¡Pink Martini! GRATIS el 23 de Julio en el escenario verde del Jazzaldia donostiarra. (Hay otros vídeos, pero no se ve tan de cerca a China Forbes... ¡Uuuuhhmmm!)
¡Veis! No todo es bebop, cool o Nu Jazz en este festival. También hay música más digerible. Aunque sigo pensando qué demonios habrá que digerir en el jazz...
Realmente no sé qué diferencia, salvo el propio título, podría encontrar ente esos apuntes y los demás, pues son todos pura banalidad pero, para contentarle a él, descargarme del trabajo de escribir algo razonado, y mantener la tradición, aquí va un apunte de esos banales de los viernes. (Un poco tarde, eso sí.)
¡Pink Martini! GRATIS el 23 de Julio en el escenario verde del Jazzaldia donostiarra. (Hay otros vídeos, pero no se ve tan de cerca a China Forbes... ¡Uuuuhhmmm!)
¡Veis! No todo es bebop, cool o Nu Jazz en este festival. También hay música más digerible. Aunque sigo pensando qué demonios habrá que digerir en el jazz...
martes, 13 de mayo de 2008
Ya falta menos.
¿Quién es Wynton Marsalis? El jodido mejor trompetista del mundo. El mejor que ha habido, el mejor que hay y posiblemente el mejor que habrá.
No vais a escuchar a nadie tocar la trompeta mejor. Sencillamente no es posible.
¿Por qué me acuerdo de él ahora? Porque estoy ya muy caliente con la perspectiva del Festival de Jazz de San Sebastián. Faltan dos meses pero ya casi no puedo esperar más. No, Wynton no viene; pero es que ya sería la hostia, porque fijaos quienes sí lo hacen:
- Ahmad Jamal
- Anthony Braxton
- Kenny Barron
- Maceo Parquer
- Bugge Wesseltoft
- Diana Krall
- David Murray
- Dianne Reeves
- Steve Coleman
- ...
No sé cómo tengo que decirlo... ¡Id haciendo un hueco en la agenda! Mira que os aviso con tiempo...
viernes, 18 de abril de 2008
Banalidades estético-jazzísticas para un viernes.
Cuando Thelonious se sienta al piano toda la sala se sienta con él y produce un murmullo colectivo del tamaño exacto del alivio, porque el recorrido tangencial de Thelonious por el escenario tiene algo de riesgoso cabotaje fenicio con probables varamientos en las sirtes, y cuando la nave de oscura miel y barbado capitán llega a puerto, la recibe el muelle masónico del Victoria may con un suspiro como de alas apaciguadas, de tajamares cumplidos. Entonces es Pannonica, o Blue Monk, tres sombras como espigas rodean al oso investigando las colmenas del teclado, las burdas zarpas bondadosas yendo y viniendo entre abejas desconcertadas y hexágonos de sonido, ha pasado apenas un minuto y ya estamos en la noche fuera del tiempo, la noche primitiva y delicada de Thelonious Monk.
Pero eso no se explica: A rose is a rose is a rose. Se está en una tregua, hay intercesor, quizá en alguna esfera nos redimen. Y luego, cuando Charles Rouse da una paso hacia el micrófono y su saxo dibuja imperiosamente las razones por las que está ahí, Thelonious deja caer las manos, escucha un instante, posa todavía un leve acorde con la izquierda, y el oso se levanta hamacándose, harto de miel o buscando musgo propicio a la modorra, saliéndose del taburete se apoya en el borde del piano marcando el ritmo con un zapato y el birrete, los dedos van resbalando por el piano, primero al borde mismo del teclado donde podría haber un cenicero y una cerveza pero no hay más que Steinway & Sons, y luego inician imperceptiblemente un safari de dedos por el borde de la caja del piano mientras el oso se hamaca cadencioso porque Rouse y el contrabajo y el percusionista están enredados en el misterio mismo de su trinidad y Thelonious viaja vertiginosamente sin moverse, pasando de centímetro en centímetro rumbo a la cola del piano a la que no se llegará, se sabe que no llegará porque para llegar le haría más tiempo que a Phileas Fogg, más trineos de vela, rápidos de miel de abeto, elefantes y trenes endurecidos por la velocidad para salvar el abismo de un puente roto, de manera que Thelonious viaja a su manera, apoyándose en un pie y luego en otro sin salirse del lugar, cabeceando en el puente de su Pequod varado en un teatro, y cada tanto moviendo los dedos para ganar un centímetro o mil millas, quedándose otra vez quieto y como precavido, tomando la altura con un sextante de humo y renunciando a seguir adelante y llegar al extremo de la caja del piano, hasta que la mano abandona el borde, el oso gira paulatino y todo podría ocurrir en ese instante en que le falta el apoyo, en que flota como un alción sobre el ritmo donde Charles Rouse está echando las últimas vehementes largas pinceladas de violeta y de rojo, el oso se balancea amablemente y regresa nube a nube hacia el teclado, lo mira como por primera vez, pasea por el aire los dedos indecisos, los deja caer y estamos salvados, hay Thelonious capitán, hay rumbo por un rato, y el gesto de Rouse al retroceder mientras desprende el saxo del soporte tiene algo de entrega de poderes, de legado que devuelve al Dogo las llaves de la serenísima.
Pero eso no se explica: A rose is a rose is a rose. Se está en una tregua, hay intercesor, quizá en alguna esfera nos redimen. Y luego, cuando Charles Rouse da una paso hacia el micrófono y su saxo dibuja imperiosamente las razones por las que está ahí, Thelonious deja caer las manos, escucha un instante, posa todavía un leve acorde con la izquierda, y el oso se levanta hamacándose, harto de miel o buscando musgo propicio a la modorra, saliéndose del taburete se apoya en el borde del piano marcando el ritmo con un zapato y el birrete, los dedos van resbalando por el piano, primero al borde mismo del teclado donde podría haber un cenicero y una cerveza pero no hay más que Steinway & Sons, y luego inician imperceptiblemente un safari de dedos por el borde de la caja del piano mientras el oso se hamaca cadencioso porque Rouse y el contrabajo y el percusionista están enredados en el misterio mismo de su trinidad y Thelonious viaja vertiginosamente sin moverse, pasando de centímetro en centímetro rumbo a la cola del piano a la que no se llegará, se sabe que no llegará porque para llegar le haría más tiempo que a Phileas Fogg, más trineos de vela, rápidos de miel de abeto, elefantes y trenes endurecidos por la velocidad para salvar el abismo de un puente roto, de manera que Thelonious viaja a su manera, apoyándose en un pie y luego en otro sin salirse del lugar, cabeceando en el puente de su Pequod varado en un teatro, y cada tanto moviendo los dedos para ganar un centímetro o mil millas, quedándose otra vez quieto y como precavido, tomando la altura con un sextante de humo y renunciando a seguir adelante y llegar al extremo de la caja del piano, hasta que la mano abandona el borde, el oso gira paulatino y todo podría ocurrir en ese instante en que le falta el apoyo, en que flota como un alción sobre el ritmo donde Charles Rouse está echando las últimas vehementes largas pinceladas de violeta y de rojo, el oso se balancea amablemente y regresa nube a nube hacia el teclado, lo mira como por primera vez, pasea por el aire los dedos indecisos, los deja caer y estamos salvados, hay Thelonious capitán, hay rumbo por un rato, y el gesto de Rouse al retroceder mientras desprende el saxo del soporte tiene algo de entrega de poderes, de legado que devuelve al Dogo las llaves de la serenísima.
La vuelta al piano de Thelonious Monk. Julio Cortázar. La vuelta al día en ochenta mundos, tomo II.
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