martes, 7 de julio de 2009

Cronopios de avanzada edad

El otro día me pongo a jugar con mi hijo a lucha de espadas en la plaza que hay delante de mi oficina. Mis acérrimos ya saben que me gusta jugar con palos y que he transmitido esa afición a mi vástago. Solíamos batirnos con unos palos comunes pero hace unas semanas decidí hacer unos mandobles, esto es, ponerle una cruceta de palo a unas varas de avellano de metro veinte, por transmitir al chaval algo de lo que aprendí en aquel cursillo de esgrima medieval, divertirnos más, y sobre todo no desollarnos las manos cuando el palo del oponente se desliza sobre el nuestro. Sí, somos más chulos que un ocho, y nos batimos en duelo delante del todo el mundo, en la plaza pública, para escándalo y admiración de la gente. Allí estábamos, repartiéndonos fendentes, montantes y robersos, cuando pasa el dueño de Spencer.
Este es un anciano del lugar con el que he charlado de banalidades alguna vez, que pasea un Irish terrier blanco, y que conozco sólo por el nombre del perro, pues nunca le he preguntado el suyo. Y conozco el nombre del perro porque me contó que se llamaba Spencer en recuerdo del ilustre actor que también era de origen irlandés. De ahí yo ya saqué que el tipo era un poco cronopio, así que no me sorprendió que se parase mostrando interés cuando nos vió luchar.
Después de mirar un rato enpezó a darle indicaciones al chaval sobre cómo atacarme. Luego no pudo resistirse a pedirle el palo. Hizo algunas observaciones sobre el tamaño del arma y yo le dije que era la recreación de un mandoble medieval y que había hecho un cursillo de esgrima de esa época. El tipo toma la espada con una sola mano, afianzándola en la cruceta, me hace el típico saludo en plan mosquetero, y ejecuta algunos movimientos de esgrima. Yo le digo algo de que eso parece una parada en cuarta y cosas por el estilo, que también hice un cursillo de sable, y él me comenta que practicó esgrima en su juventud. Vuelve a saludarme, dirige la punta de su espada hacia mi pecho y exclama: -¡En guardia!
Me pongo en guardia y comienza a atacarme. Cruzamos un poco el hierro, palo esta vez, y le comento bromeando que puedo tirarme a fondo. El tipo no se arredra, tengan en cuenta que tendrá como ochenta años y camina a pasitos cansinos, y me ataca con vigor renovado. El que se achanta soy yo. Voy parándole algunos golpes pero él avanza haciéndome recular. Yo no me atrevo a tirarle una estocada y hacerle daño. Él continúa, se me echa encima y amenaza mi pecho. Se retira y exclama sonrriente: -¡Ja ja, he ganado!
Yo le comento que no puedo luchar bien con una sola mano pues me duele la muñeca; él responde con razón: - ¡Excusas, ja ja, nada más que excusas! ¡He ganado!
Tiene razón: ha ganado.
Le devuelve la espada al chaval y aún le da el último consejo: -Mira hijo, la espada hay que agarrarla como se coge a un pajarito; ni muy fuerte como para matarlo, ni muy flojo como para que se te escape- y se va caminando satisfecho a pasitos cortos.
¡Qué pedazo de cronopio! ¡Y en mi misma plaza! Tengo que preguntarle su nombre.
¡Ah! Y me he prometido a mí mismo no achantarme la próxima vez...

8 comentarios:

Necio Hutopo dijo...

Vale, la facultad de encontrar a los distintos entre la multitud es siempre un signo inequívoco de ser cronopio... Que decía Cortázar

M i K e L dijo...

Genial la descripción del lance. Sólo faltan las expresiones que seguramente pensaste pero no gritaste como "voto a Bríos", "encaja ésta, malandrín", "sus y a ellos", "muerde el polvo, bellaco", "Santiago y cierra Altza" etc.

Calavera dijo...

¡Pero qué maravilla!
Hemos encontrado adversarios dignos... si no fuera por el charco en el medio. Con mis hijos practicamos una disciplina un poco menos clásica, esto es: sables láser Jedi*, con los palos de escoba de la góndola de limpieza del supermercado.

La invitación al duelo queda establecida, pero ojo que nosotros somos cinco.

Un gran abrazo.

Calavera dijo...

*hacemos el ruido con la boca, claro.

Zeithgeist dijo...

JAJAJAJAJ que maravilla!!!!
Ahi deberias haber cambiado de esgrima a lucha callejera, y partirle la pelada de un palazo seco mientras le pateabas al perro, como para q se vaya aggiornando nomas, y de paso dejabas tu ego a salvo.

Enebea dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Enebea dijo...

Bueno, de vez en cuando conviene recordar que más sabe el diablo por viejo que por diablo... ni que sólo sea a achantar al contrario sirviéndose de la lastimica que daría hacerle daño a un ancianito...

Muy buena anécdota. Tú ve haciendo cursillos de esgrima, ja ja ja.

Lo siento, pero es que me imagino la escena. ¿Y tu hijo, qué dijo sobre el asunto?

kanif dijo...

Pues mi hijo dijo algo así como que el señor sabía esgrima o algo por el estilo, y luego comentó a ver si de verdad me había ganado, y yo le dije que sí, naturalmente, y que la mitad había sido culpa mía por no atreverme a atacarle. En realidad no me gusta competir, me gusta jugar, se lo he transmitido a mi hijo, pero a veces dudo de que sea una buena estrategia para su futuro. Yo creo en cooperar, pero según es de competitiva la sociedad...