miércoles, 4 de noviembre de 2015

Kant

Cerca de la tumba de Immanuel Kant, en Kaliningrado, se encuentra una placa con la siguiente inscripción en alemán y ruso, tomada de la «Conclusión» de Crítica de la razón práctica: «Dos cosas me llenan la mente con renovado y acrecentado asombro, por mucho que continuamente reflexione sobre ellas: el firmamento estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí». Llama la atención que el autor, en un libro donde trataba de sentar las bases para aplicar una filosofía moral a la vida práctica, citase un aspecto tan poco práctico como su asombro ante el cielo nocturno.
Ciertamente, si no has sentido un estremecimiento reverencial al observar una noche el firmamento estrellado... es que no lo has observado lo suficiente. Una negrura que se presume infinita, y una miriada de puntos luminosos. El cosmos que podemos ver. Espacio y objetos. La perfecta definición para todo lo que existe...¡Espera! ¿Espacio? ¿Cómo podemos percibir el espacio? ¿Cómo podemos percibir algo que por definición no existe?
Creo que la respuesta está en que no percibimos nada. El asombro y el estremecimiento Kantiano, que es el mío también, derivan de comprender que, a pesar de ser capaces de elaborar conceptos, nos rodea una nada inconcebible. Que nuestra percepción se suspende en ese espacio y que, pudiendo no haber sido, somos. A mí, sentir eso, me basta para llenarme de alegría.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Actúa.

Todo eso que piensas, calculas, ponderas, con buena intención claro, para no herir, incomodar a los demás, o para no ponerte en una situación comprometida, o en un hipotético futuro en el que pierdas... todo eso que de buena fe te impide actuar, lo sabes solo tú. Los demás solo ven que no actúas.

La vergüenza de mi defecto.


Tengo una amiga con síndrome de Down a la que adoro. No descubro nada si os digo que suelen ser personas adorables, lo sabéis. También sabéis que nos enseñan cosas. Las personas diferentes nos enseñan cosas, y cuanto más diferentes, más nos hacen aprender. Sobre nosotros claro, que es sobre lo que nos interrogamos. Queremos saber qué hay de nosotros en un negro, en un tailandés o en María. Porque somos espejos. Nos vemos cuando nos ven, y sentimos que ellos también nos miran con curiosidad.
Volviendo a mi amiga, me gusta conversar con ella. Me gusta pero me resulta difícil sostener su mirada curiosa y limpia. No sé si os pasa. Siento no estar a su altura. Me da vergüenza que me mire y note que ya no soy un espejo limpio, que vea en el reflejo mi fondo turbio. Que adivine que he perdido el niño puro que era. Que estoy sucio y opaco. Sucio comparado con el reflejo claro y nítido de sus ojos. Con la pureza de su mirada de niña.
Lo que llamamos deficiencia en los demás es el reflejo de nuestra debilidad, la vergüenza de nuestro defecto.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Vida encarnada.

Básicamente no posees tu vida, eres vida encarnada en persona. No hay algo que sea tu vida, y que la separa de la vida en general. Tu vida es un concepto mental, es la idea que te has hecho sobre ti mismo. No es una posesión física y no la puedes perder. Puedes perder algo que tienes, no algo que eres. Eres vida. Cuando mueres pierdes la posibilidad de usar tu cuerpo, esa encarnación temporal de vida; la vida que eres no muere.

miércoles, 8 de octubre de 2014

La llamada de los fogones.

Cocinar, mal que bien, todo el mundo cocina, pero escribir un blog sobre cocina casera y sabrosa, con recetas y fotos elaboradas por su autora, mantenerlo con frecuencia, variedad y frescura, con platos para chuparse los dedos, y añadir truquitos que te ahorrarán, tiempo, dinero y quebraderos de cabeza... eso ya es harina de otro costal. Y bueno, hacer todo eso con un blog y llegar a convertirlo en "doméstico", en todo el hermoso y amplio sentido de la palabra, eso solo lo hace Sam.
Y no lo digo porque sea mi amiga, ni porque haya probado sus recetas, lo digo porque lo siento.
¿No escuchas ese sonido?   ¡Tu cocina te llama!

lunes, 24 de marzo de 2014

Por qué detesto la publicidad.

Porque clasifica a la gente.
Porque usa términos militares.
Porque lo está invadiendo todo.
Porque me llena el buzón de papeles. 
Porque se enorgullece de crear necesidad.
Porque ha secuestrado la palabra creatividad.
Porque la que no trata de halagarte trata de ofenderte.
Porque presume de resultados con poco o ningún criterio objetivo.
Porque el dinero que se gasta en ella se podría gastar en mil cosas más necesarias.
Porque sigue usando los viejos chiclés machistas, clasistas, y sexistas.
Porque a menudo usa ideas simplemente robadas
Porque nos trata como a idiotas.

Y por qué detesto sobre todo los anuncios de la tele:
Porque suben el volumen.
Porque interrumpen buenos programas.
Porque sus imágenes son más falsas que un billete de once euros.
Porque creen que están haciendo cine en 20 segundos cuando solo escupen planos.
Porque a menudo sus actores son personas que ya están podridas de dinero.
Porque usan a celebridades como ejemplo de lo que no son.
Y porque siguen tratando a las mujeres como objetos.

lunes, 17 de febrero de 2014

Como un libro.

Varias veces en mi vida me han acusado de mentiroso. Y si no de mentiroso, de contar verdades a medias. Cuando explico que no puedo distinguir dónde acaba la verdad o empieza la mentira, de nuevo me tildan de mentiroso. En esas situaciones yo mismo me preocupo, no por sentirme mentiroso, por sentirme muy diferente del resto. No me fío demasiado de los recuerdos: Tu polvazo de aquella noche triunfal puede ser la incomodidad de un borracho sobre una chica. La persona a la que recuerdas con desagrado porque te estabas meando, la dulzura personificada; esa conversación que te hirió solo un amable y necesario poner las cosas en su sitio. Los detalles se funden en el tiempo y cada recuerdo es recordado mutado, con nueva veladura, gris en tus días grises, brillante cuando se suma a la luz de hoy, cada vez más borroso, oxidado como... ¿cómo era la bici que guardabas en el trastero? Mejor no vayas a mirarla.
Y solo se puede mentir sobre lo que se recuerda. La verdad tangible no necesita el respaldo de las palabras; recordar es recrear, contar la verdad es recrearla, osea crear otra nueva. Lo que algunos podrían llamar mentir.
¡Por qué me mientes! Me han dicho también cuando era muy obvio que no lo había contado todo. No mentí, callé porque era necesario. Callé para no ofender al momento.
¿Es que los demás no perciben que hay situaciones en las que un silencio, una mentira si me apuras, son la verdad de ese instante?
No sé, habéis leído libros como yo... ¿Os gustaría que solo contasen la verdad? Yo me expreso a veces como un libro entreabierto.

jueves, 23 de enero de 2014

Lo que espera de ti el pretendido socialismo español.

Que les votes para volver al gobierno.
Que creas que van a hacer algo distinto de la derecha católica.
Que creas que son los únicos demócratas.
Que creas que no repetirán los errores del pasado.
Que creas que nos sacarán de la crisis.
Que creas que no deben favores ni gobernarán para la banca o las multinacionales.
Que creas que no harán caso a Bruselas.
Que creas que son la única alternancia política posible.
Que les creas sin un programa.

martes, 21 de enero de 2014

Lo que espera la derecha católica de ti.

Que no apostates, necesitan muchos fieles.
Que sigas sus consignas, necesitan mantener el orden actual
Que te cases con su rito, necesitan mantener la exclusividad.
Que una vez casado tengas hijos, necesitan seguidores.
Que bautices a tus hijos, ¡necesitan aún más seguidores!
Que te empufes en un piso, coche y cualquier gasto que anuncien por la tele: te quieren atrapado.
Que te hagas seguros sanitarios privados, eduques en sus colegios privados, y cualquier cosa privada que se te ocurra.
Que pienses que gastar en lo público es una mala opción.
Que no hagas demasiadas reflexiones.
Que no hagas demasiadas preguntas.
Que te mueras sin ruido y tengas un bonito funeral, católico.

domingo, 19 de enero de 2014

La inocentada II, montaje alternativo.

Conté hace unos días lo que traté de hacer el 28 de diciembre. También conté algo de lo que sí llegué a hacer. Digo algo porque sucedieron muchas más cosas, y algunas de ellas ciertamente desconcertantes. Las narraré y además completaré el relato con lo que supongo que pudo pasar.
La historia comienza donde casi acababa la otra entrada. Ahí decía: "Luego vino la farra y un funeral adecuado para las aves, y así Donosti se quedó sin su inocentada, y yo no pasé una noche en los calabozos"

La farra fue con una pareja encantadora en un bar de Donosti que mis acerrimos ya conocen, y cuyo nombre me ahorrarré. Fueron unos tragos, unos bailes, algunas canciones y muchas risas, hasta las 2:30 de la madrugada. Yo a esa hora ya no me voy a casa. Mis amigos se fueron, y yo directito a ese bar que cierra tarde, oscuro, que pone funky-soul, y que siempre está petao a esas horas. Por el camino, paranoico de mis llaves, cartera y móvil, la cocacola me pone muy nervioso. Estaba todo.

Entro y el ambiente está encendido. Mucha gente, mucho roce. Buena música. Muchos tíos, pocas tías. Bailoteo y tal, charlo con un francés. Siempre hay muchos. Habla perfectamente español, y es majo. Risas y tal. Está en cuadrilla. Su amigo, otro "gabacho de mierda" como se autodenominaba de coña, insiste en invitarme a pacharán. No me gusta, pero no le hago el feo y tomo unos sorbos. Más bailes y risas. Los gabachos quieren pillar con "filles" y se mezclan y retornan alternativamente a nuestra charla, al ritmo de los fracasos. En un momento me encuentro bailando frente a un chico joven alto y delgado. Me sonríe y luego me da un morreo inesperado. Demasiado pedo para hacer la cobra. Sige bailando y sonriéndome. Al segundo morreo con sobetero de culo me retiro lentamente,  indicándole que no es mi género, con algunas dudas.
Más bailoteo y charla eusko-francesa. La cuadrila del pacharán acusa el abuso del alcohol, la decepción y la madrugada. Se piran y yo también.
En la puerta siempre se charla un rato, algunos fuman, otros rezongan, y muchos mendigan "amor".
Yo busco las llaves de mi moto. No están. En ningún bolsillo están. Ni en mi bolsa ni en ninguna parte. Maldigo el momento en que las colgué en aquel llavero que no suena al caer. Y aquí viene la paranoia.
¿Y si me las robaron en el sobeteo? ¿Y si no era un gay tratando de pillar sino un secreta? ¿Y si tengo intervenido el teléfono? No sería tan extraño... ¿Y si llevaban dos días escuchado lo que iba a hacer con los pollos? ¿Y si interpretaron otra cosa? ¿Y si me quitaron las llaves y abrieron el maletero de mi moto para ver qué había en realidad? ¿Y si luego frustrados por encontrar solo las aves me arrancaron el retrovisor que apareció en el suelo y la cúpula del manillar?
 ¿Y si fabulo demasiado?
O soy demasiado confiado. O hablo con demasiada libertad.