jueves, 5 de junio de 2008

Hombre y palo.

Ayer, por fin, amaneció un día soleado en Donosti. Recordando lo que le había prometido a mi chaval para cuando hiciese buen tiempo, le propuse ir al monte a la vuelta de la ikastola, para coger unos palos y hacer un arco.
Sorprendentemente cuando bajó del autobús aún se acordaba de la propuesta y me preguntó si podíamos ir. Le dije que sí, pasamos por casa a coger un cordel que tenía reservado, y nos encaminamos hacia la extensión verde y salvaje más cercana. Donostia está rodeada de colinas frondosas y en ellas abundan umbrías donde crecen avellanos y laureles, con varas rectas y flexibles. Nos internamos en una y, gracias a mi navaja, en un ratito salimos con un juego de varas de diferentes grosores y longitudes. Caminamos con el material hasta un parque cercano y allí, cómodamente, me puse a la tarea de convertir una de las varas en un arco, y fabricar un par de flechas. Mi chaval, mientras tanto, armado con otro palo, lanzaba estocadas a diestro y siniestro, luchando contra bestias imaginarias.
Pasaba la gente y sonreía, algunos mayores cruzaban con nosotros unas palabras, sorprendidos por lo insólito de nuestra tarea, otros incluso reconocían la calidad de la vara de avellano para ese cometido y los niños, invariablemente, observaban con atención y envidia. Envidia de palo. Los más pequeños alargaban la mano y emitían alguna palabra manifestando su deseo de poseer una de aquellas varas. Es innato en ellos. El deseo de palo nace con el germen de su inteligencia.
Nada se adapta mejor a nuestra mano que un palo. Nada nos da más auto-confianza que sentir nuestros dedos rodeando un cilindro de madera. Nada estimula más nuestra imaginación que una vara recta y firme. El palo es el mejor compañero del hombre.

Aunque no tenemos pruebas físicas, pues la madera difícilmente fosiliza y se desintegra con el paso del tiempo, yo estoy convencido de que la primera herramienta que utilizaron nuestros ancestros fue un palo y no un bifaz, pues nuestro pulgar opuesto, de ser braquiador-asidor de ramas, se adapta con mayor comodidad a sujetar un palo que una piedra tallada.
El palo potencia las cualidades de nuestro brazo alargando su palanca, permitiendo el golpeo fuerte con comodidad, el ataque a distancia, el tanteo seguro... se porta con facilidad, permite su afilado en punta, es proyectable... El palo estimula la inteligencia abriendo todo un abanico de posibilidades... del palo surge la lanza, el arco, la espada, el poste, el pincel, la caña de pescar, el tenedor... el palo es la base de la ingeniería, de la arquitectura, de toda tecnología humana.
Hombre y palo; el binomio del que surgió la inteligencia, que transformó el mundo.

Yo adoro los palos. Se percibe fácilmente. Me conectan con el mundo. Me siento feliz simplemente portando uno. Disfruto jugando con él, cuando lo puedo oscilar, girar en el aire, hacerlo silbar, lanzarlo...
Siempre he dicho que de mayor voy a llevar bastón, aunque no necesite apoyarme en él, pues es la forma civilizada de llevar un palo. Me gusta llevar un palo... y no sólo porque piense partírselo a algún insolente en las costillas...


Para las mujeres susceptibles como Ruth aclararé que, cuando digo hombre en esta entrada, quiero decir ser humano, que solamente escribo la palabra hombre a veces para evitar reiteraciones antiestéticas, que la reflexión parte de mi experiencia como hombre particular y masculino, y que la posibilidad de juntar mujer y palo me pareció más peligrosa.

7 comentarios:

Ruth dijo...

Perdona, majo, pero te ha quedado una entrada la mar de fálica ;-). Tú no pasas un examen de Emakunde ni de coña.
(Es que estoy con la sensibilidad a flor de piel, que me he pasado toda la mañana analizando el lenguaje sexual en las obras de Shakespeare, y no veas tú lo que era capaz de hacer el tío con un palo y una O.)

kanif dijo...

La "maldad" está en los ojos de quien mira... La interpretación el tuya, maja; yo disfruto "con un trozo de madera".
Deberías probarlo ;-)

Necio Hutopo dijo...

Pues yo coincido con Ruth es que esto planeado no sale más fálico:
"los niños, invariablemente, observaban con atención y envidia. Envidia de palo"... Y yo que creía que eso era privativo de las mujeres (decía Freud, así que a tirarle piedra a él).

Por cierto, yo también disfruto de traer un palo, de hacerlo oscilar, giarar en el aire y jugar con él... Pero lanzarlo no, que ha de doler cantidad.

kanif dijo...

Tu eres un cachondo, como decimos acá.

PonC dijo...

Un bastón! acabo de ver mi futuro... eso y un monóculo ;)

Duquesa de Katmandu dijo...

Buenísimo! Mis felicitaciones.
"El palo es el mejor compañero del hombre". Coincido, sí. Muy sesudo el análisis. Dicen los que saben que efectivamente, las primeras herramientas proto-humanas fueron piedras talladas (un trabajo chino, la verdad).
Pero también es cierto que nuestros primos genéticos actuales (los monos) se desenvuelven muy bien con palos y ramitas.
Además, sin palos, Homo Erectus no podria haber inventado/descubierto/utilizado por vez primera el fuego, ¿o sí?
Jajajaj, perdón por lo de Erectus pero lo han llamado así los arqueólogos.

Saludos

Shatik 1-3 dijo...

Sinceramente, aunque me ha resultado muy interesante la observación que haces, al igual que Ruth, según leía yo tampoco he podido quitarme las gafas con las que no veía más que ciertos tintes fálicos en el discurso (¿mente sucia? quizás) ;-)