jueves, 17 de abril de 2008

Cosmogonía.

Gracias a la expedición de la orgullosa especie inteligente al último confín del universo, Dios fue por fin descubierto y se rindió sin oponer resistencia. El creador se escondía allí tras observar la evolución de los seres que él inocentemente había creado, sabedor de que sería sólo cuestión de tiempo que le encontrasen.
Conducido a la tierra, la orgullosa especie lo juzga por todos los males que ha consentido a lo largo de la historia y lo condena a muerte pero, cuando lo ejecutan, todo el universo comienza a girar en un vórtice y va desapareciendo, junto con su creador, como absorbido por un desagüe, hasta que sólo queda una nada incomprensible, sin tiempo ni espacio ni memoria.
Por supuesto, en el último momento, la especie, siendo como es inteligente, comprende su estupidez y tiene tiempo de lamentarse un instante antes de desaparecer.

Hay quién dice que la nada para explicarse necesita del algo, el algo es la unidad, la unidad se explica con la diversidad y así volvieron a existir todas las cosas, incluida la orgullosa especie inteligente, pero eso forma parte de otra creencia y será tratado en otra ocasión.

3 comentarios:

Necio Hutopo dijo...

Aquí es la fila para sentir envidia?

Que bueno su relato oiga...

kanif dijo...

¡Venga, vamos a dejar de comernos las p**** que no es para tanto!

Nanny Ogg dijo...

Muy bueno el relato. Me ha encantado :)

Besos