miércoles, 29 de julio de 2009

Instrucciones para sentir miedo

Por supuesto, se me vino a la cabeza junto con el recuerdo del Gran Cronopio


Imagine que está sola en su casa y ha estado leyendo muy concentrada durante hora y media. Imagine que una necesidad fisiológica la saca de ese letargo y se encamina al vater. Imagine que, al pasar ante la puerta de la calle, oye ruidos extraños en la escalera. Ruidos que le recuerdan a los de ese vecino esquivo que no la saluda y llega a horas intempestivas. Imagine que entra en el vater, termina, y cuando sale aún se oyen esos ruidos. Imagine que se queda a escuchar un rato tras la puerta. Imagine que, cuando ya decide dejarlo, escucha un gemido ahogado y luego el silencio. Que observa por la mirilla y no ve nada. Que duda pero que gira la llave con el mínimo ruido posible y abre la puerta. Que la luz de su descansillo se ha apagado y que la enciende a tientas. Que la escalera y el rellano iluminados están vacíos. Que las otras dos puertas están cerradas. Que va a darse la vuelta pero escucha otra vez el gemido, que proviene del rellano inferior. Que duda pero se acerca, que asoma lentamente la cabeza, y mira por el hueco de la escalera. Abajo no ve nada. Gira lentamente la cabeza hacia arriba, y nada tampoco.
Antes de retirarse la sobresalta un portazo a sus espaldas. Se gira cono un relámpago pero su puerta sigue abierta. Vuelve deprisa, con la respiración agitada, y se encierra en su casa. Pega el oído a la puerta pero lo único que oye son los latidos de su corazón. Trata de serenarse, se refresca en el lavabo, se seca, y camina lentamente por el pasillo. Nuevos ruidos la hacen detenerse. Imagine que ahora los oye dentro de su propia casa. Imagine que se retrae hasta su habitación de lectura, cierra la puerta, y se acurruca en el sofá rogando que cesen los ruidos. Imagínese que deja de oírlos. Imagine que toma otra vez el libro para tratar de conjurar al miedo. Imagine que se serena y de nuevo la historia la atrapa. Imagine que ha estado leyendo concentrada durante hora y media. Imagine que una necesidad fisiológica la saca de ese letargo y se encamina al vater. Imagine que, al pasar ante la puerta de la calle, oye ruidos extraños en la escalera.



Para quien tiene miedo,
todo son ruidos.
Sófocles

3 comentarios:

Duquesa de Katmandu dijo...

Siempre puede existir algo más allá del hueco, o entre el vuelo de la paloma y el suelo!

beso alienado

Necio Hutopo dijo...

Grandísimo... Mis felicitaciones.

M i K e L dijo...

Acojo...!!! M'ancantao!