domingo, 25 de enero de 2009

Indicaciones de uso.

Voy a hacer uno de esos ejercicios de escribir a bote pronto que me encantan, más que nada porque mi mujer se ha dormido en el sofá, bajo su manta nueva, y la primera vez que se ha despertado he percibido en sus ojos que se acordaba de nuestro plan pero que Morfeo la seducía más, y no he tenido el valor de tirar de su brazo... pero no voy a seguir por ahí porque entonces este texto resultaría indiscreto, aunque no creo que ella llegase a leerlo ya que usa internet para cosas serias, pero sobre todo lo que me preocuparía es que alguien lo leyese a deshoras, porque esto que estoy escribiendo de noche, a estas horas aún tiene algún sentido, pero se lee a las siete de la mañana o pon a las doce del mediodía y está totalmente fuera de lugar, o al menos a mí me lo parece, y esto me recuerda que los blogs con fondo negro siempre me parecen escritos de noche e incluso se me hace raro, como un pequeño sacrilegio, leerlos de día, pero digo yo que sus autores saben de la difusión mundial de este medio y de los diferentes usos horarios, y que cuando escriben desde la intimidad nocturna y alcohólica, o de mate, té o café de madrugada, sus lectores transoceánicos puede que estén maldiciendo en la oficina, a la hora del recreo en la sala de profesores, o en ese prado del campus que tiene wi-fi, a plena luz del día, con un adolescente eructando a su lado, y entonces no se recibe igual el mensaje. Porque se me ocurre que los libros, y los blogs y los panfletos, deberían venir con unas indicaciones de uso, como las medicinas, con un prospecto que diga cuando y dónde es conveniente leerlos, porque igual coges La insoportable levedad del ser en una cafetería atestada a las once y media y se te hace realmente insoportable, pero a las siete de la tarde en tu casa, en ese sillón frente al mirador, cobra todo su sentido, e incluso deberían llevar indicaciones de administración, dosis máximas recomendadas, porque recuerdo cuando acompañé a Frodo y Samsagaz por las tierras de Mordor durante dos interminables horas de lectura, tiritando ante el radiador que apenas calentaba, sufriendo como ellos que no acababan de llegar nunca, y fue la vez que más identificado me he sentido con unos personajes y más integrado en la historia, y sé que leído de otro modo no hubiera sido ni parecido, pero aquello ocurrió por casualidad... y ahora que lo pienso quizás haya que dejar que esas cosas ocurran por casualidad y por eso en cuatro mil años de literatura nadie ha acompañado los textos de un prospecto o puede que sí y esté equivocado y me lo decís y os lo agradezco.

3 comentarios:

Necio Hutopo dijo...

Escribir de noche y bajo los efectos del alcohol (algunas veces, no todas)... Témome que usted empieza a conocerme demasiado bien...

Duquesa de Katmandu dijo...

Qué bueno escribir así!! (mi represión no me lo permite).
A veces uno se asusta leyendo los prospectos y descubre síntomas y enfermedades nuevas...

beso,

M i K e L dijo...

Arf, arf, arf... y menos mal que había comas... qué ahogo!!!