domingo, 9 de diciembre de 2007

Tres años llamando a la radio.

(Para esos acérrimos que no pueden esperar, especialmente para Hutopo.)

Cap. 7
El absorbente cubano
(Conclusión)

Supuse que al siguiente viernes darían curso a mi intervención, pero resultó que volvieron a bromear con el asunto del “absorbente cubano”, y no mencionaron la teoría que acabaría con las dudas. Esta vez llamé al teléfono de redacción; expliqué mi caso y me remitieron al teléfono de oyente; les dije que ya lo había hecho pero que lo volvería a hacer, así que lo grabé de nuevo.

Tampoco llegó a tiempo, y debo decir que me retiré levemente desilusionado.

Levemente digo porque la semana siguiente, según se acercaba viernes, volvía a acecharme la idea de exponer mi teoría... y yo no podía vivir con ese resquemor. Así que el jueves, en tono cansino, sin grandes esperanzas, volví a dejar grabado mi mensaje.

Y la mañana del viernes, al acabar “Boulevard” recibo una llamada, y resulta que es Iñaki Espiga, de “Graffiti”. Me dice que acaban de escuchar mi mensaje, que no habían recibido los anteriores, y que les gustaría que participase en directo para contárselo a Joseba. Aquello era mucho más de lo yo esperaba. ¡Hablar en directo con el eje del bien! Me cuenta el procedimiento -ellos llamarían a mi teléfono un poco antes de la hora de intervención y me darían paso en el momento oportuno- y yo, por supuesto, le agradezco enormemente su atención y acepto encantado.

Luego caí en la cuenta de que a esa misma hora había quedado en un parque con un amigo para un intercambio de libros, (cuento éste detalle para darme un aire más intelectual) pero esta circunstancia, en vez de desanimarme, me estimuló, porque suponía una gran novedad respecto a mis intervenciones desde el taller, y me hacía sentir como un auténtico corresponsal a pie de calle.


Ahora, cuando analizo con el debido tiempo estos episodios, comprendo lo que me impulsaba a seguir llamando con excusas tan peregrinas como aquellas. No me bastaba con opinar, concursar o incluso influir en los contenidos de la emisora. No me bastaba con saltar del lado de los meros receptores al de los emisores ocasionales. Yo quería penetrar en la esencia misma de aquello que tanto me atraía. Quería formar parte del grupo de los elegidos y hacer lo que ellos hacían. En pocas palabras: Quería hacer radio.


Me reuní con mi amigo a la hora convenida. Nos metimos en un bar y le conté lo de mi próxima intervención en directo y, aunque estaba al tanto de mis aventuras radiofónicas, no pudo evitar sorprenderse ante esta nueva faceta. Salimos del bar cuando se acercaba la hora, pues temía que fallase la cobertura, y nos sentamos en un banco de la plaza contigua. Los niños corrían, los pájaros cantaban y la primavera se abría paso a través de las yemas nuevas de los arbustos. El marco era incomparable. ¡Sí! ¡Lo habéis adivinado! Nos encontrábamos en Donostia.

Yo había tenido la precaución de llevar un pequeño transistor y lo puse bajito mientras charlábamos sobre libros y tonterías.

Llegó el momento; un técnico llamó a mi teléfono y me previno, y yo le pedí a mi amigo que se alejase un poco para evitar acoples.

De esta original manera se desarrolló la conversación: Yo, con el móvil, sentado en un banco del parque, y mi amigo escuchando sonriente a distancia visual.

Natalia le comentó a Joseba Macías: -¿Recuerdas el asunto de la pajita que se salía del vaso y que tú consultaste a Edorta? Pues mira qué oyentes tenemos. Nos han resuelto la duda por teléfono.-

Y emitieron mi última intervención grabada, en la que yo explicaba la teoría del absorbente cubano. Y cuando Joseba aún no se había repuesto de shock le dice Natalia: -Y además tenemos al oyente con nosotros. ¿Te gustaría escucharle? Supongo que Macías respondería afirmativamente porque Natalia me dió paso:

-Hola Jose, ¿cómo estas?

-Hola, qué tal... Hola a todos. ¡Qué alegría poder hablar con el eje del bien!- Mi emoción era sincera.

-Hola, hola... - Fueron saludando todos desordenadamente. Y Natalia: -Oye Jose, ¿Cómo es que sabes lo de la pajita? ¿Eres científico o así?-

-No... es que era una cosa en la que me había fijado desde pequeño y, poco a poco, fui elaborando una teoría para explicarlo.

Natalia: -Yo también lo había notado, pero pensaba que era por el calor... esto ocurre más en verano, ¿No?

-Sí, bueno. Eso tiene una explicación muy sencilla. Se observa más este fenómeno en verano porque con el calor se toman más refrescos.- Risas de todo el “Eje”. (No me pude contener; es que me lo había puesto a huevo.)

-Oye, Jose- añadió Joseba –muchas gracias por interesarte por este asunto...

-No, hombre... es que daba pena que te tratasen de loco o de borracho, y como yo también lo había observado...

Interrumpió Iñaki Espiga en tono conciliador: -Ya saben nuestro oyentes que nos metemos con Joseba cariñosamente... que tenemos muy buen rollo en esta sección y los comentarios son siempre en tono jocoso.

-Sí, y también nos metemos con “Mr. Foncelas”(Esta es una broma para acérrimos del “Eje”) cuando es necesario.- Añadí yo. Y Marlene a su vez añadió algo, y Luis Foncillas, luego Iñaki, y así estuvimos un rato, que a mi se me hizo muy corto. Al terminar, en broma, les ofrecí hacer una corresponsalía desde Donostia, y Natalia, siguiéndome el juego me preguntó.

-¿Qué tal tiempo hace hoy por Donosti?-( Así es como empieza siempre el “Eje del Bien”, preguntando a los corresponsales por el tiempo en sus respectivas ciudades) Y yo hablé del tiempo, del parque donde estaba, de los niños que corrían, de un txantxagorri que me observaba desde un arbusto, inaugurando de esta manera el estilo corresponsal denominado “Ñoñostia report”. Ni por esas logré ablandar el duro corazón financiero de la emisora y me quedé sin mi contrato. ¡En fin! ¡Habrá que crear otra ocasión!

Natalia me despidió en su estilo habitual: -Bueno Jose, que muchas gracias, que da gusto tener oyentes como tú, que espero que nos sigas escuchando, que ha sido un placer y hasta luego...

Iñaki y el “Eje” hicieron lo propio, yo les correspondí afectuosamente, y colgué mi teléfono mientras mi amigo se acercaba sonriente. El txantxangorri ya se había marchado y no pude evitar cierto sentimiento de melancolía.

Ya, ya. Habrá alguno que estará pensando: “Mucho donostiarrismo, mucha melancolía, mucho txantxangorri , pero todavía no ha dicho por qué se sale la pajita”· Tiene razón. Voy con ello:

La ascensión del “absorbente” en el vaso se debe –como todo en la vida- a una confluencia de factores. Por un lado tenemos la flotabilidad propia del material de la pajita, además de la mayor viscosidad de los líquidos azucarados que facilitan esta tendencia; por otro la fuerza ascensional transmitida por las burbujas que se adhieren a la pajita, gracias a la rugosidad del material de ésta. Uniendo todos estos factores lo difícil sería que la pajita se mantuviese en el vaso.

En estas latitudes, gracias a nuestra avanzadísima tecnología en la fabricación de plásticos, ahora contamos con materiales más deslizantes que impiden la adherencia de las burbujas. Una vez más la ciencia y la técnica se han aliado para facilitarnos la vida y podemos decir con orgullo que aquí, en Europa, la ascensión de las pajitas ya no supone un problema, mientras en la cálida isla los absorbentes cubanos están que se salen... o dicho de otro modo, en Cuba los absorbentes no se mantienen en su sitio, mientras que en Europa las pajitas ya no son un problema... bueno, en todo caso, añado unos diagramas que facilitarán la comprensión de este fenómeno.


2 comentarios:

balentxu dijo...

Hombre, Kanif, con el croquis ya está mucho más claro el hilo...;-)

Necio Hutopo dijo...

Y bueno... Mira que me habían explicado que tenía algo que ver con el gas liberado por las burbujas y la diferencia de presión entre el interior de la pajita y el exterior... pero claro, el que me lo explicó tenía una licenciatura en física y un doctorado en astronomía (es decir; el padre de un amigo que creía que su función en la vida era desentrañar todos los misterios que su hijo y un servidor pudieran tener a la tierna edad de 9 años... Después deje de ver a esa familia), qué va a saber él?