miércoles, 5 de septiembre de 2007

Payasos

Los tres payasos odian el nuevo circo. También los acróbatas, los trapecistas, los malabaristas y por supuesto los domadores, pero los payasos lo odian especialmente.
El nuevo circo es de diseño. Tiene una carpa diseñada para la comodidad del público, tiene ropa de diseño para la plasticidad visual, cables diseñados para la seguridad de los acróbatas y una función diseñada para la armonía espiritual. Por contra, no tiene animales para no herir susceptibilidades, no tiene jefe de pista para no molestar con los acentos, no tiene malos olores gracias a su atmósfera regulada y sobre todo no tiene payasos, no vayan a acusarles de denigrar a un ser humano.
El nuevo circo se ha puesto de moda, le roba el público al circo tradicional y lo peor, hace que por comparación éste parezca un espectáculo zafio y anticuado, hasta el punto de que los espectadores dejan de acudir y el viejo circo cierra. Los trapecistas, los domadores y los funámbulos se van dispersando por los tugurios y cafés cantantes, y malviven o se embarcan y olvidan su pasado, pero los tres payasos no olvidan. Los tres odian como sólo se puede odiar escondido tras una máscara; los payasos, a fuerza de aguantar tortazos y hacerse los idiotas, se han vuelto rencorosos y no olvidan.
Reunidos en una pensión de mala muerte han tramado su venganza; se han desplazado en su mugrienta furgoneta y en la siguiente actuación del nuevo circo están sentados en la primera fila, como unos espectadores más.
Tranquilamente, mientras el público observa embobado la actuación, sacan sus pinturas y se maquillan en un acto mecánicamente aprendido, se colocan sus pelucas, se despojan de sus gabardinas y al unísono irrumpen en la pista. Se apoderan de la muchachita maquillada de payaso que cantaba en dudoso directo y uno de ellos le coloca un formidable cuchillo en la garganta. La canción aún seguirá sonando unos instantes revelando el engaño, las chinitas acróbatas huyen en tropel y desaparecen gritando por el fondo del escenario y un funámbulo queda colgando de su cable con cara de gilipollas. El público ha enmudecido y observa la escena con incredulidad. Varios guardias de seguridad encañonan a los payasos desde los márgenes de la pista, pero éstos continúan parsimoniosamente con su plan.
El del cuchillo grita: -¡No se asusten señoras y caballeros! ¡Esto forma parte del espectáculo!- Mientras tanto los otros dos arrancan la ropa a la muchachita. Las señoras gritan y tapan los ojos de sus criaturas; los caballeros abren de par en par los suyos ante la sorprendente madurez de la muchachita y los guardias de seguridad vacilan confusos. Entonces los payasos, con sorprendente maestría, colocan a la cantante en una postura propicia, sin dejar de amenazar su cuello, uno de ellos baja sus pantalones y muestra al público un notable y enhiesto pene, y procede a sodomizarla sin que esta profiera un solo grito.
Las señoras sí gritan y casi todas huyen arrastrando a sus niños y pisoteándose por las gradas, los caballeros enmudecen y casi ninguno huye, petrificados en sus asientos, y los guardias de seguridad descuelgan sus mandíbulas y sus pistolas.
La muchachita comienza a jadear y a arquearse rítmicamente pidiendo a gritos más y más y los payasos se relevan en la tarea hasta que ésta se derrumba satisfecha sobre el escenario. El payaso armado deja caer su cuchillo y los tres se entregan a los guardias que tardan unos instantes en reaccionar y detenerlos. Los privilegiados que han observado la escena suspiran, murmuran e incluso alguno aplaude, aunque es inmediatamente censurado.

Los periódicos aclaran que la cantante estaba conpinchada con los payasos, que han sido los cuatro encarcelados, que la pena es leve por el tipo de delito, que si el consentimiento de la joven, que si patatín y patatán, pero lo cierto es que el nuevo circo ha cerrado, que los cuatro han salido enseguida de prisión y que triunfan en clubes selectos y televisiones con sus actuaciones libertinas.
Tras amasar una buena cantidad de pasta se retiran del show-busines y, como nadie conoce la verdadera identidad del cuarteto, gracias al maquillaje y al secreto de sumario, regresan al anonimato y se mezclan con nosotros en las calles, como unos honrados ciudadanos.

3 comentarios:

Maripuchi dijo...

Oh, mon dieu!!! .... o mejor, oh là là!!!

Gracchus Babeuf dijo...

Me deja Usted helado. No. Helado no es la palabra correcta.

¿Y dónde dice que pasó?

(Maripuchi, cierre los ojos, por favor.)

Kanif Beruna dijo...

Ocurrió solamente en mi imaginación.
Es la primera vez que dudo seriamente sobre publicar una entrada.
Espero no haberos ofendido.
Soy nuevo esto esto...¿es de mal gusto?
¿Se advierte de alguna manera sobre la publicación de cosas así?
Ayudadme, majos.
Saludos afectuosos.