Hay un asuntillo que no me ha dejado satisfecho en la reflexión anterior y es el de la diferencia entre "gustar y apetecer". Comentaba yo que, cuando se deja de hacer algo durante bastante tiempo puede dejar de gustarte pero, muchas veces, lo que ocurre simplemente es que aún nos gusta pero no nos apetece. Lo haríamos si se nos presentase muy fácil pero no estamos dispuestos a iniciar todo el mecanismo de ejecución para realizarlo, seguramente porque supone esfuerzo. La última vez que lo hicimos ya nos resultó tedioso y ahora a nuestro cerebro le cuesta dar la orden ejecutiva; sabemos que esa orden pondrá el marcha ese proceso que generó hastío y cansancio en el pasado y preferimos no darla.
Esto ocurre a menudo con tareas repetitivas, los profesores conocen de sobra esa sensación ante la perspectiva de corregir una buena pila de exámenes, pero también ocurre con actividades más estimulantes como participar en algún deporte, jugar a algún juego, o soportar a ese familiar al que quieres pero te carga un poquito...
Últimamente leo cosas en la Web sobre la procrastinación. Sí, eso de dejar las cosas para más tarde, no hagas hoy lo que puedas hacer mañana... es una costumbre muy extendida. Y ocurre siempre con tareas que sabemos realizar de sobra, que hemos hecho mil veces, pero que ahora ya no nos apetece realizar. Sabemos de sobra que debemos realizarlas, no podemos retrasarlas demasiado, y también sabemos que, una vez comencemos, pondremos una suerte de piloto automático y las realizaremos de tirón... lo que no nos apetece es comenzar. Siempre llega el momento en que el tiempo apremia, y entonces tomamos algún tipo de psicoestimulante, café, echamos un cigarro, una chuchería, salimos a respirar... y comenzamos.
¿No nos da esto último una pista? Sí, tratamos de conseguir otro estado mental. Concretamente tratamos estimular los centros que regulan nuestra atención en los lóbulos frontales, que son los responsables de activarnos y luego mantener el interés por la tarea, osea, concentrarnos. Si la tarea fuese estimulante, por ejemplo escapar de un pitbull o retozar con la nueva pareja, no necesitaríamos ese empujón químico pero, cuando la tarea es de sobra conocida y monótona, ya no estimula suficientemente a los emisores de norepinefrina y serotonina, y debemos darles un empujoncito.
Así, desde el principio de los tiempos, la humanidad ha solucionado el conflicto entre gustar y apetecer, o el del trabajo por obligación, y bregamos como podemos con nuestras tareas, tomando aquí café, allá mate, allí mascando hojas de coca, bebiendo té y todas las variantes de psicoestimulantes que podamos imaginar.
Bueno, me he tomado mi café, he procrastinado un poco escribiendo esto, y ahora me voy a realizar esas tareas que no puedo retrasar.
¡Norepirefrina, inúndame! ¡Serotonina, anímame! ¡Glutamato... hazme Ye-Ye!
lunes 15 de junio de 2009
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4 comentarios:
Ve? Siempre lo he dicho, elñ café es bueno...
Ostras, otra vez de acuerdo... Esto me lo tengo que mirar YA!!!
La no apetencia y la no gustancia (¡!) se pueden controlar. Se tira p'alante desconectando el cerebro del cuerpo hasta que no te quede más remedio que terminar lo que has empezado. Vale, no me he explicado bien pero es más o menos así y no se me ocurre otra manera :D
Pues mi cerebro debe de tener un enchufe muy gordo con el cuerpo porque me cuesta un momtón desconectarlo ja jajaja ja
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